Coste de los alimentos

¿Cuál es el coste verdadero de lo que comemos?

Por Ricardo Colmenares, director de la Fundación Triodos.

¿Son más sociales los alimentos más baratos, por ser más accesibles a las personas con menos recursos? ¿Son entonces los alimentos ecológicos menos sociales porque son más caros que los convencionales? Cada día se tienen más datos que demuestran que los sistemas convencionales de producción de alimentos baratos, causan efectos graves en la salud, tanto de los ecosistemas como de los seres humanos, resultando insostenibles (ambiental, social y económicamente hablando) a corto y medio plazo para las sociedades que los soportan. Mientras que desde el enfoque de la agricultura ecológica se desarrollan alternativas reconocidas por organismos internacionales como más eficaces a medio y largo plazo para la seguridad alimentaria de toda la población.

Como se extrae de varios estudios científicos realizados en países Europeos y en EEUU, los ciudadanos acabamos pagando hasta tres veces por los alimentos que consumimos: una al comprarlos, otra al pagar con nuestros impuestos las ayudas que reciben los agricultores, y aún otra tercera, cuando intentamos arreglar los efectos nocivos ambientales (incluida la salud personal) que provocan estos sistemas convencionales de producción. Son los llamados costes ocultos o externalidades, que los agricultores y ganaderos convencionales no tienen que asumir en sus costes y por lo tanto repercutirlos al precio del producto ante el consumidor. Mientras que los agricultores que producen con prácticas ecológicas no los externalizan, no los reparten al resto de la sociedad, sencillamente porque no los generan o lo hacen de manera notablemente menor.productos finca el rebolloso

¿Podemos cuantificar lo que le cuestan al ciudadano de un país europeo esos costes ocultos? Es difícil medirlo, pero ya hay algunas estimaciones que nos permiten hacernos una idea. En el informe “Hacia una agroética”, Jorge Riechmann llega a la conclusión de que las “externalidades” negativas producidas por la agricultura ecológica ascenderían a lo sumo a una tercera parte de las de la agricultura convencional y se verían compensadas por externalidades positivas más elevadas tales como la conservación de la biodiversidad cultural y natural, o los efectos terapéuticos e inspirativos de un paisaje bello y sano.

¿Quién debe asumir las externalidades negativas de la agricultura convencional? ¿Qué parte del coste verdadero de los alimentos estamos pagando al adquirirlos? ¿Qué coste social, laboral, ambiental y sobre la salud incorpora el precio que pagamos y cuál no? La fuente de reflexiones en torno al precio de los alimentos es inagotable.

El huerto escolar es también una herramienta realmente valiosa para que los alumnos determinen cuál debería ser el coste real de los alimentos, valorando el esfuerzo y el tiempo que supone su producción y añadiendo los posibles costes de material y transporte que se necesitan para poder llevar la cosecha hasta el punto de venta. Si sumamos todos estos costes y luego comparamos el precio que estos alimentos tienen en las grandes superficies tendremos un ejemplo perfecto para explicar a los alumnos las externalidades que supone la cadena de valor de la producción alimentaria moderna.

Solo de esta manera, observando, conociendo y reflexionando, seremos capaces de atribuir a los alimentos su valor – y precio- verdaderos.

Podéis consultar el artículo completo sobre este tema aquí.

Jornada Huertos Escolares Ecológicos

Educación en valores, base para una nueva sociedad

Por Joan Antoni Melé, conferenciante y formador en valores.

Joan Antoni Melé, promotor de la banca sostenible y miembro del Consejo Asesor de Triodos Bank, participó en la jornada sobre El Huerto Escolar Ecológico que tuvo lugar en el Real Jardín Botánico de Madrid el pasado mes de octubre, compartiendo su opinión sobre por qué los huertos son un lugar tan valioso para educar.

Joan MeleMelé destaca que “el niño, a través de la voluntad, trabajando el huerto, se desarrolla como ser humano y se desarrolla en relación con los demás”. Cuando los niños obtienen su primera cosecha hay que incitarles, además, a que se la ofrezcan a otro y, de esta manera, colaboramos a que se den cuenta que han sido útiles para el mundo. Esto es una manera extraordinaria de trabajar la educación humana y la educación de la voluntad.

La conferencia de Melé incluye también una reflexión sobre cómo el huerto, además de fomentar el respeto por el planeta, nos sirve para desarrollar una educación económica en los más pequeños. Por ejemplo, a través del huerto escolar se puede aprender qué es la donación: “cuando plantas una semilla, un día tienes un árbol y el árbol da un montón de frutos. Pero, no te lo pierdas, cada fruto lleva un montón de semillas que puede multiplicar la vida. Es multiplicación continua, es donación continua. Es donación también porque el fruto tiene que morir, tiene que caer del árbol para que todo lo que lleve dentro multiplique la vida. Y esto es un ejemplo para vivir. También cuando usemos el dinero tenemos que ser capaces de que parte de nuestro dinero muera para nosotros y muere en la donación a los demás. Y, sin embargo, cuando lo das, la vida se multiplica por mil. Esto es lo que tienen que descubrir, que lo mismo que pasa en la naturaleza lo puedes hacer con tu dinero”.

La intervención de Joan Antoni Melé concluye destacando el papel del uso del dinero como motor de transformación social: “Cada vez que usamos el dinero hay consecuencias para uno mismo, para las demás personas y para el planeta, porque el dinero es una fuerza vital que puede cambiar el mundo en positivo o en negativo. Y los niños tienen que aprenderlo y son perfectamente capaces de entenderlo”.

Podéis ver a continuación la intervención completa de Joan Antoni Melé, así como conocer más detalles de su nuevo libro publicado “La economía explicada a los jóvenes”.