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asociación del campo al cole

¿Es posible una alimentación ecológica en las escuelas españolas?

Por Andrés Muñoz Rico, responsable de comedores agroecológicos.

¿Qué es lo que preocupa a los padres y madres cuando deciden llevar a sus hijos e hijas a una escuela infantil o a un colegio?, ¿el enfoque pedagógico del centro?, ¿el docente responsable del niño? o quizás ¿el ratio por aula del centro?

Y en la alimentación, ¿quién piensa? Son cada vez más los padres y madres que se preocupan por lo que sus hijos e hijas comen en los colegios. Personas que quieren conocer la procedencia de los alimentos, la forma en que se cocinan o la manera en la que se enseña a los pequeños a comerlos.

Un paso interesante para introducir la alimentación ecológica en los centros educativos es el trabajo en los huertos escolares. Numerosos colegios de la geografía española han empezado a trabajar con esta herramienta de sensibilización, que puede ser la antesala para transformar también los comedores escolares en espacios educativos, permitiendo que la alimentación entre en las aulas.

El comedor escolar, en muchos casos, es una parte más del proyecto educativo del huerto, ya que permite cocinar la cosecha producida para ofrecérsela a los alumnos y, es también cada vez más común, que los residuos orgánicos de los comedores acaben en la compostadora del centro para luego abonar y mejorar los cultivos.

Imagen Campaña

En Aragón, ya existen más de treinta colegios públicos (y algunos privados y concertados) que apuestan por alimentos ecológicos cultivados en sus alrededores, seguidos de Cataluña, que son también pioneros en esta materia. En el caso de estos colegios el coste para las familias es el mismo que el utilizado con productos no ecológicos, e incluso algunos colegios pagan menos ya que compran directamente a productores locales.

Experiencias de este tipo han motivado que un grupo de personas hayamos creado del Campo al Cole, una asociación sin ánimo de lucro que asesora a centros escolares de Madrid sobre menús agroecológicos y distribuye alimentos ecológicos, de cercanía y de temporada en los centros educativos.

Nuestra experiencia de este último año nos ha llevado a conocer más sobre la realidad de la alimentación escolar en España. Así que hemos decidido lanzar una campaña de crowdfunding para investigar más sobre los comedores escolares y conocer la normativa que los rige, qué empresas hay detrás del negocio de los catering escolares o qué alimentos se comen y su origen.

Para poder hacer todo esto necesitamos de la ayuda de madres y padres concienciados con la alimentación de sus hijos e hijas. También requerimos de docentes y equipos directivos comprometidos con modelos de comedores escolares acordes con proyectos educativos transformadores. Y por último, como no, de profesionales de la hostelería sensibilizados con la alimentación que ofrecen a los niños y niñas en los colegios.

¿Eres de las personas que opinas que “somos lo que comemos”?, ¿te animas a impulsar el cambio?

Coste de los alimentos

¿Cuál es el coste verdadero de lo que comemos?

Por Ricardo Colmenares, director de la Fundación Triodos.

¿Son más sociales los alimentos más baratos, por ser más accesibles a las personas con menos recursos? ¿Son entonces los alimentos ecológicos menos sociales porque son más caros que los convencionales? Cada día se tienen más datos que demuestran que los sistemas convencionales de producción de alimentos baratos, causan efectos graves en la salud, tanto de los ecosistemas como de los seres humanos, resultando insostenibles (ambiental, social y económicamente hablando) a corto y medio plazo para las sociedades que los soportan. Mientras que desde el enfoque de la agricultura ecológica se desarrollan alternativas reconocidas por organismos internacionales como más eficaces a medio y largo plazo para la seguridad alimentaria de toda la población.

Como se extrae de varios estudios científicos realizados en países Europeos y en EEUU, los ciudadanos acabamos pagando hasta tres veces por los alimentos que consumimos: una al comprarlos, otra al pagar con nuestros impuestos las ayudas que reciben los agricultores, y aún otra tercera, cuando intentamos arreglar los efectos nocivos ambientales (incluida la salud personal) que provocan estos sistemas convencionales de producción. Son los llamados costes ocultos o externalidades, que los agricultores y ganaderos convencionales no tienen que asumir en sus costes y por lo tanto repercutirlos al precio del producto ante el consumidor. Mientras que los agricultores que producen con prácticas ecológicas no los externalizan, no los reparten al resto de la sociedad, sencillamente porque no los generan o lo hacen de manera notablemente menor.productos finca el rebolloso

¿Podemos cuantificar lo que le cuestan al ciudadano de un país europeo esos costes ocultos? Es difícil medirlo, pero ya hay algunas estimaciones que nos permiten hacernos una idea. En el informe “Hacia una agroética”, Jorge Riechmann llega a la conclusión de que las “externalidades” negativas producidas por la agricultura ecológica ascenderían a lo sumo a una tercera parte de las de la agricultura convencional y se verían compensadas por externalidades positivas más elevadas tales como la conservación de la biodiversidad cultural y natural, o los efectos terapéuticos e inspirativos de un paisaje bello y sano.

¿Quién debe asumir las externalidades negativas de la agricultura convencional? ¿Qué parte del coste verdadero de los alimentos estamos pagando al adquirirlos? ¿Qué coste social, laboral, ambiental y sobre la salud incorpora el precio que pagamos y cuál no? La fuente de reflexiones en torno al precio de los alimentos es inagotable.

El huerto escolar es también una herramienta realmente valiosa para que los alumnos determinen cuál debería ser el coste real de los alimentos, valorando el esfuerzo y el tiempo que supone su producción y añadiendo los posibles costes de material y transporte que se necesitan para poder llevar la cosecha hasta el punto de venta. Si sumamos todos estos costes y luego comparamos el precio que estos alimentos tienen en las grandes superficies tendremos un ejemplo perfecto para explicar a los alumnos las externalidades que supone la cadena de valor de la producción alimentaria moderna.

Solo de esta manera, observando, conociendo y reflexionando, seremos capaces de atribuir a los alimentos su valor – y precio- verdaderos.

Podéis consultar el artículo completo sobre este tema aquí.