Entradas

El huerto como laboratorio

El huerto, el mejor laboratorio

Por Noelia Fernández y Ricardo Muguruza, profesores de Muskizko Ikastola, Bizkaia. Ganador del segundo premio en la categoría de infantil del premio nacional Huertos Escolares Ecológicos 2015.

En nuestro huerto tenemos 3 bancadas de plantación, un invernadero, un estanque, un jardín de flora auxiliar y un pequeño jardín de aromáticas y bulbos.

Cada grupo de edad (3, 4 y 5) es responsable de una bancada y de las zonas comunes y los más pequeñitos de 2 años participan en el jardín de hierbas aromáticas.

Ser responsables de las bancadas implica: preparar la tierra, crear semilleros, cultivar diferentes plantas, su observación, cuidado y recolección. De esta manera no sólo fomentamos un cultivo responsable, la utilización de los recursos de una manera sostenible y una actitud respetuosa con el medio ambiente, sino que además nos sirve como hilo conductor y punto de partida para trabajar numerosos proyectos.

En nuestro caso hemos utilizado la huerta como laboratorio científico para observar, plantear hipótesis y experimentar con la luz, el agua, el aire y la función de los insectos y de otros animales en nuestro entorno. A continuación os contamos algunas de estas actividades.

foto artículo 8Los insectos y otros animales: cuando preparamos nuestra primera bancada, utilizando el método de cultivo en acolchado (ya que no necesita maquinaria ni mover la tierra), nos encontramos la primera oportunidad de observar la importancia de los insectos y otros animales en nuestro huerto. Comprobamos con sorpresa el increíble trabajo que realizaron en 4 meses transformando una tierra dura, de mala calidad, en un huerto fértil, así como la importancia que tienen para el control de plagas sin necesidad de ningún producto químico. Para favorecer este equilibrio ecológico vimos la conveniencia de añadir un jardín de flora auxiliar y un pequeño estanque.

 

 

Ciencia: durante el curso, los de tres años realizan experimentos en torno al agua, los de 4 sobre el aire y los de 5 en torno a la luz. El huerto es un lugar excepcional para observar y experimentar con estos tres elementos.

  1. Agua: experimentamos con el agua, conocemos sus ciclos, la dependencia que los seres vivos buscando ranastenemos de ella y por lo tanto la importancia de un uso responsable de ésta.
  2. Luz: certificamos la necesidad que tenemos los seres vivos de la luz, así mismo observamos diferentes fenómenos que se producen con la misma como la fotosíntesis, las sombras, el arcoíris, etc.
  3. Aire: al igual que sucede con la luz y el agua, comprobamos la importancia que tienen para la vida de las plantas y como éstas ayudan a conseguir un medio ambiente más limpio.

Con estos sencillos experimentos conseguimos observar los elementos del medio físico natural para entender su función y la influencia recíproca con todos los seres vivos. Pero, esta metodología basada en la investigación ha supuesto, sobre todo, que el huerto se convierta en un centro de interés motivador para poder trabajar mediante proyectos las diferentes competencias establecidas en el currículo.

En el huerto fomentamos las ganas de aprender.

foto artículo 11

fertilidad de la tierra

Algunos experimentos científicos para mejorar la fertilidad de la tierra

Por Alfredo Matías Oteros López coordinador del huerto escolar en el CEIP Vicenta Ruso, Santa Pola. Ganador del segundo premio en la categoría de primaria del premio nacional Huertos Escolares Ecológicos 2015.

Uno de los principales problemas que nos encontramos en el huerto escolar es la fertilidad de la tierra. A veces, por más que insistamos, nuestras hortalizas no son tan grandes como las que encontramos en el mercado. En nuestro caso hay que tener en cuenta que es ecológico y no usamos productos químicos.

Por todo ello, hicimos trabajos de experimentación para mejorar la fertilidad de la tierra empleando elementos de nuestro entorno y también productos elaborados. A continuación os contamos tres experimentos que hicimos con los alumnos que nos dieron buenos resultados:

  1. En primer lugar, enriquecimos la tierra con sales minerales: lo hicimos con agua de mar, arena de la playa y vegetación marina utilizando posidonia, planta acuática endémica del Mediterráneo.

-Usamos el agua de mar para regar. Diluimos una parte de agua de mar por cien de agua dulce. Con esto queríamos aportar los minerales que tiene el agua de mar. En su caso, incluyen todos los de la tabla periódica.

– También usamos arena de la playa. Algunos agricultores de la zona nos indicaron que antiguamente le echaban un puñado de arena de la playa al hoyo donde repicaban la pequeña mata de melón. Nos cuentan que salían dulcísimos. Nosotros hicimos lo mismo pero en lugar de melones fue con las tomateras.

– Añadimos posidonia (100 gr. por metro cuadrado).

En los siguientes casos, además de aplicar estos elementos que nos proporciona la propia naturaleza, decidimos elaborar dos productos con el mismo fin: microorganismos beneficiosos y biofertilizantes fermentados.

2. Captación de microorganismos beneficiosos. Para ello solo necesitamos arroz hervido y un envase de yogurt. Lo dejamos en un lugar donde haya tierra fértil, como un bosque, y lo recogemos a la semana. Posteriormente, su contenido lo diluimos en agua y lo aplicamos al terreno. Algo parecido comentaba el hispano Lucius Junius Moderatus, conocido como Columela, escritor agrónomo romano. Decía que para mejorar una tierra poco fértil una manera de hacerlo era coger una porción de tierra de una zona muy fértil y llevarla a su nuevo lugar.

3. Biofertilizantes fermentados. Éstos son súper abonos líquidos preparados a base de estiércol fresco (o humus de lombriz), disuelto en agua y enriquecida con leche (o yogurt natural), melaza (o azúcar moreno) y ceniza, que se deja fermentar varios días, e incluso meses, en bidones de plástico, bajo un sistema anaeróbico (sin la presencia de oxígeno). En nuestro caso reutilizamos dos garrafas de aceite de 25 litros del comedor escolar, en una incorporamos compost y en otra restos de frutas, hojas y verduras. En ambas añadimos agua, azúcar moreno, leche y ceniza.

En los siguientes videos podéis ver de forma detallada todos los pasos necesarios para elaborarlos:

Cada uno de estos experimentos lo realizamos en un bancal diferente. Los resultados fueron satisfactorios. No somos científicos pero observamos que no provocó daños en los cultivos y que la cosecha fue buena y todo tenía muy buen aspecto.

Os animamos a practicar estas experiencias con los alumnos, tanto por la mejora en la calidad de la tierra que suponen, como por su utilidad para transmitir conceptos relacionados con la importancia del tratamiento ecológico de la tierra y sus cultivos.