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10º aniversario de la Red de Huertos Escolares del Municipio de Murcia

Por Juan José Robles, coordinador de la Red de Huertos del Municipio de Murcia. 

La Red de huertos escolares del municipio de Murcia (RHEMU) celebra en este curso 2017/2018 sus 10 años de vida. Con este motivo el pasado 1 de marzo organizaron unas jornadas de intercambio de experiencias de la RHEMU con todos los centros educativos pertenecientes a esta red.

El objetivo de estas jornadas fue fomentar el intercambio de información entre los centros educativos, así como analizar los procesos de trabajo llevados a cabo, sus fortalezas y debilidades.

La jornada se desarrolló con la exposición de 4 experiencias, que iban desde educación infantil hasta ciclos formativos:

  • Experiencia de educación infantil con el CEIP José Rubio Gomariz Actividades en el huerto de Lola”. Sonia Pozas Martínez y Pilar Serrano Ureña.
  • Experiencia de educación infantil y primaria con el CEIP Ntra Sra. de la Arrixaca El Huerto de mi cole”. María Amparo Márquez Méndez, María Cristina Portillo Muñoz, Mauricio Monserrate Cánovas.
  • Experiencia de educación secundaria por el Colegio Santa Joaquina de Vedruna. “El huerto con ciencia”. Luís Zurita Herrera y María Dolores González Guillén.
  • Experiencia de trabajo con todos los niveles educativos, Colegio Severo Ochoa. Nuestro huerto, espacio para todos”. Montserrat Martínez Morote y Antonio Luís Guinea Serrano.

También se llevaron a cabo dos ponencias, “10 años de la Red de Huertos Escolares Ecológicos del Municipio de Murcia” a cargo del coordinador de la RHEMU Juan José Robles y la ponencia marco “Una visión de los huertos escolares en España” a cargo del director de la Fundación Triodos, Ricardo Colmenares Gil.

En estas jornadas participaron 60 docentes y 10 representantes de las AMPAS de los centros participantes en la RHEMU, que en este curso suman 46 centros educativos del municipio de Murcia.

10º aniversario Red de huertos murcia

Durante esta década de trabajo, la RHEMU se ha consolidado como un recurso educativo cada vez más demandado por los centros ya que se encarga de gestionar y organizar las múltiples actividades que se realizan a lo largo del curso escolar, atendiendo a 7.000 escolares de Infantil, Primaria y Secundaria. La red se puso en marcha en el curso 2007/2008 y, desde entonces, ha dado servicio a 72 centros en total.

La RHEMU sigue apostando por su modelo de gestión ofreciendo a los centros educativos un servicio de asesoramiento, ayuda a la planificación y puesta en marcha de los huertos, un premio anual, préstamo de herramientas, servicio de bibliografía y documentación de huertos escolares y agricultura ecológica, actividades de educación ambiental, realización de unidades didácticas para los huertos escolares, charlas, difusión de los huertos escolares en webs y redes sociales y organización de jornadas de formación para intercambio de experiencias.

Plantas purificadoras del aire

Por Marian Molina Márquez, profesora de compensatoria de 1º y 2º de la ESO.

Existe un gran desconocimiento ante la acción descontaminante que las plantas realizan sobre diversas sustancias nocivas que se encuentran presentes en innumerables productos que contienen los aerosoles, detergentes, barnices e incluso radiaciones electromagnéticas que nos rodean. Todos sabemos que a través de la fotosíntesis, las plantas producen compuestos orgánicos aprovechando la luz solar para obtener energía a partir del dióxido de carbono junto con el agua, lo que nos aporta, entre otras cosas, el oxígeno que todos los seres vivos necesitamos para respirar. Los denominados “contaminantes orgánicos volátiles” que nos rodean, tanto en espacios interiores como exteriores, penetran en la planta a través de los estomas y entran en contacto con el agua que recubre sus paredes, para ser metabolizados por la planta o bien almacenados.

Con mi alumnado decidimos realizar una investigación sobre la acción purificante que efectuaban muchas de las plantas que teníamos plantadas en el huerto y, para sorpresa de muchos, no podíamos ni imaginar el auténtico tesoro que nos envolvía. El proyecto comenzó cuando iniciamos el diseño y la plantación de varios setos ajardinados utilizando diversas variedades de plantas con flor o aromáticas con el objetivo de atraer a insectos, especialmente abejas, para facilitar la polinización de nuestros cultivos. Posteriormente cada ecogrupo de alumnas y alumnos eligió, de forma colaborativa, una especie determinada para elaborar un informe, con ficha botánica incluida, que completara nuestro manual hortícola del ecohuerto. Este trabajo culminó con una amplia exposición fotográfica de cada planta en el hall del centro.

A raíz de esta planificación y proyecto cooperativo, me gustaría enumeraros una serie de variedades que descubrimos que teníamos cultivadas en el ecohuerto y su acción descontaminante, por ejemplo:

  • Las gerberas y kalanchoes inciden contra la acción tóxica que provoca el benceno presente en muchos plásticos y pinturas, gomas, óleos y gasolina.
  • El aloe y las cintas sobre el formaldehído que contienen alfombras y moquetas.
  • El ficus y la palmera enana sobre el tolueno que engloban muchos pegamentos.
  • La azalea sobre el xileno que incluyen gomas, tintas o disolventes e insecticidas.
  • El cyclamen actúa contra el formaldehído y el xileno.
  • Los potos, crotón y cintas nos ayudan a depurar el monóxido de carbono procedente del humo del tabaco.
  • La aspidistra, una planta muy característica de los patios andaluces, también absorbe el humo que se produce como consencuencia de quemar la leña en las chimeneas de las casas.

Por otro lado, con cajas de frutas que el alumnado pintó y recicló, construimos un cactuario en vertical adosándolas en un palé. Esto, además de proporcionar humedad al ambiente del huerto, nos protege de las muchas emisiones electromagnéticas del medio que nos rodea. Asimismo, plantamos geranio limón, jazmín y plumbago azul, que actúan como repelentes de insectos, al igual que muchas de nuestras plantas aromáticas como la menta, citronela, caléndula, lavanda o albahaca que actúan como auténticos aromatizantes naturales, preventivos de mosquitos y tábanos gracias a los aceites que contienen como el linalol, cineol o geraniol.

Pero lo más importante de todo es el efecto humidificante y depurativo del aire que nos regalan las plantas. Por ello, nos solemos referir a la masa forestal y arbórea de nuestro planeta como los auténticos pulmones de la Tierra. Por todos estos motivos es nuestro deber y responsabilidad contribuir al respeto, mantenimiento y sostenibilidad del medio ambiente.

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Huertarea: una app para organizar el trabajo de cultivar en grupo

Por Raquel Gálvez, coordinadora del proyecto Parcel·les

Si eres parte de un huerto urbano es que “huertareas”. ¡Vale! el verbo “huertarear” nos lo hemos inventado, pero es una palabra que nos gusta y ha servido para darle nombre a las tareas compartidas que se hacen en un huerto urbano comunitario.

Y es que de ahí surge la idea de la aplicación Huertarea, que ayuda a hacer una gestión más compensada del trabajo en comunidad de un huerto urbano a través de una comunicación sencilla de las tareas, y a visibilizar la contribución que cada uno hace al proyecto mediante un sistema sencillo y lúdico.

¿Cómo surge Huertarea?

Nuestro propósito fue averiguar qué era lo más complicado de llevar adelante un huerto urbano colectivo. Nos dimos cuenta de que lo más difícil no era tanto aquello de “¿Sabré hacerlo? No he plantado un tomate en mi vida” que algunos urbanitas nos decían, ya que como nos contaron agrourbanitas veteranos al hacerlo de forma colectiva “se aprende por ósmosis”, porque siempre tienes vecinos y compañeros de huertos que te enseñan, o tienes una persona que te acompaña y resuelve dudas.

Descubrimos que lo que les preocupa de verdad es que “el trabajo común suele recaer siempre sobre los mismos, a los demás parece que se les olvida que es ocio para todos y con el tiempo los de siempre se queman”. Según nos cuentan, detrás de esto está el hecho de que “la mayoría ya no estamos acostumbrados a trabajar en comunidad, (para muchas personas el huerto urbano es su primera experiencia de proyecto en comunidad) o que la ilusión del principio se va desvaneciendo.

Esto no es tan diferente de otros proyectos colectivos, pero en el caso de un huerto urbano además del proyecto y las personas, también implica el cuidado de la tierra y el espacio. El reto era trabajar y cuidar el grupo para tener un huerto con futuro. Teníamos claro que esto no se soluciona con una app, porque tiene que ver con algo más de fondo, como la gobernanza, la facilitación y mediación de la comunidad, como muy bien explican en Ciudad Huerto. Pero sí pensamos que podíamos poner nuestro grano de arena para lograrlo con una herramienta que ayudará en la organización y visualización del día a día, que respondiera a esta pregunta:

¿Cómo podríamos incentivar la participación y reforzar la comunicación necesaria del trabajo en comunidad? Nuestra idea fue crear una app sencilla y con un elemento lúdico que se pudiera adaptar al funcionamiento de cada huerto urbano comunitario.

 

huertarea

Pero ¿qué se puede hacer con Huertarea?

Estos son algunos ejemplos:

  • Crear y comunicar tareas de forma más fácil y visual para todos, ver quién puede asistir y quién no, ver si nos faltan manos para actuar a tiempo…
  • Revisar el estado y cuidado de parcelas o zonas del espacio, poner sobre aviso para que nadie se duerma ni se descuide nada.
  • Incentivar y motivar a la participación a través de la elección de ciertas tareas y con un sistema de logros que se consiguen por participar y que sea acorde al sistema de gobernanza y participación de la comunidad o proyecto

 ¿Quieres probarla para poner en común y organizar las tareas y actividades del huerto comunitario en el que participas? Descárgarte gratis la app para Android.

Nos gustaría mucho seguir mejorando Huertarea, que además es Open Source para que más personas puedan disfrutarla y también mejorarla. Por favor, si detectas algún error o quieres proponernos mejoras cuéntanos: hola@parcelllesnostres.com. Y si quieres saber más sobre el proceso de investigación detrás de la app, échale un vistazo a Parcel·les.

 

Un huerto especial y sostenible

Por Pepe Romero Manzano, responsable del taller de horticultura del Colegio de E. Especial “Ntra. Sra. De las Cruces” Plena Inclusión Don Benito, Badajoz.

Cuando los chavales con discapacidad intelectual entran en los 16 y hasta los 20 años, es el momento adecuado para cursar los “Programas para la Transición a la Vida Adulta (P.T.V.A.)”, una etapa decisiva para que ellos y ellas se sientan mayores y puedan acceder a esa funcionalidad de los aprendizajes ya adquiridos en la Educación Básica Especial.

Los talleres de los P.T.V.A. son un elemento educativo imprescindible; supone salir de las aulas, tomar contacto con el mundo pre laboral, utilizar ropa apropiada, manejar herramientas, trabajar en equipo, etc. Es por ello por lo que, para este alumnado, personas con discapacidad intelectual y por tanto con necesidades educativas especiales, es una etapa que les hace “sentirse útiles, más seguros y mayores”.

Nuestro taller de horticultura, con más de 400 metros cuadrados, dispone de los condicionantes necesarios para educar en las tareas de campo: disponemos de tierra fértil y fácil de labrar, agua abundante y sobre todo ilusión, constancia y dedicación. El aporcado lo realizamos mediante un abonado natural, granja de gallinas, serrín de pino y realizamos un compostaje sencillo con materiales en desuso propios de la tarea diaria.

El proceso ha necesitado varios años de esfuerzo y ha supuesto toda una aventura donde no faltaron aciertos y muchos errores. Educar en plena naturaleza, con tareas propias de una educación especial y enfocada a chavales con discapacidad resulta muy gratificante.

Son muchas, muchísimas las acciones necesarias para afianzar una educación adaptada: limpieza general, preparación del terreno, aporcado, elaboración de caballetes, siembra, mullido, riego a goteo, control de las malas hierbas, recolección del fruto y reparto de los mismos.

En el curso 2008, con ayuda de nuestra asociación Aprosuba 4, decidimos construir un invernadero de 60 metros cuadrados, pudiendo disfrutar de una horticultura protegida y amén de las condiciones climatológicas. Aun recuerdo cuando montamos la estructura metálica, los plásticos y el emotivo acto inaugural. Nunca faltó ayuda por parte de nuestros chavales y otros jóvenes pertenecientes a programas de inclusión social de aquella época; unas instalaciones, que hasta el día de hoy cumplen perfectamente su cometido pudiendo trabajar en pleno invierno, más calentitos y bajo techo.

Veíamos que los frutos resultantes eran de buen aspecto y cierta calidad, todo el centro accedía a nuestros productos: verduras, lechugas, puerros, habas, etc… las bolsas iban de aquí para allá en manos de nuestros chavales y a cambio… un pequeño donativo. Luchando y con persistencia conseguimos algunos ahorrillos pudiendo acceder en dos años a un cobertizo de 20 metros cuadrados. Preparamos la solera de hormigón, montamos las piezas, las barnizamos y construimos “La Casita del huerto”. Es en este nuevo y acogedor espacio donde desarrollamos desde entonces tareas muy diversas: clasificación de plantas, preparación de semilleros, desayunos, pesaje, embolsado y tiempos de descanso.

Hemos creado un entorno agradable con árboles frutales, hemos practicado diferentes técnicas de cultivo, sistemas de riego a goteo, infraestructuras para combatir el calor, mesas de cultivo, mobiliario adaptado, accesos y herramientas.

La comunidad educativa está sensibilizada con nuestro proyecto y se ha volcado con nuestra iniciativa; en ocasiones ayudando, en otras, beneficiándose de nuestros productos, obteniendo así los recursos necesarios para llevar este huerto-taller con autofinanciación y transparencia. Mi compañera Inma lleva siempre bien las cuentas y registros.

Disponer de un entorno socio familiar dispuesto a colaborar es imprescindible; nos ayuda a dar salida a los productos, cerrar el círculo productivo y manejar las monedas que no siempre nos resultan fáciles para nuestro alumnado.

Son muchas y variadas las tareas que llevamos a cabo para sacar adelante nuestro proyecto; una educación personalizada prima por encima de cualquier otro objetivo y el alumnado manifiesta un entusiasmo que se respira en el ambiente.

“El entorno del huerto”, ha originado extraordinarios hábitos de trabajo, al tiempo que un gran impacto entre familias y amigos del entorno que siguen día a día nuestra labor y el potencial prelaboral que desarrollamos.

Hoy en día, cientos de personas cercanos al alumnado disfrutan de la actividad mediante la red social Facebook en la que exponemos nuestras imágenes semanalmente con fotos y videos representativos que provocan muchas reacciones, nos alientan y además no faltan comentarios constructivos al conocer nuestra labor diaria.

Queremos llegar aún más lejos, romper más barreras y ofrecer siempre que sea viable la posibilidad de participar activamente en el taller mediante nuestro programa “Pásate por nuestro huerto”, al que asisten de forma rotativa familiares y personas allegadas para compartir la jornada escolar.

Consideramos que llevar a cabo un taller con estas características genera grandes satisfacciones, así como un reto tanto para docentes como discentes y, por si fuera poco, revierte en beneficio del taller y en una educación integral con buen hacer y alto grado de responsabilidad.

Os animamos a ponerlo en práctica. ¡El ÉXITO ESTÁ ASEGURADO!

Podéis seguirnos en el Perfil de Facebook: Pepe Romero Huerto

Los misterios del suelo

Por Ricardo Colmenares, director de la Fundación Triodos.

Para el horticultor que es un artista, el suelo es su elemento o sustancia de trabajo, como la piedra o la madera lo son para el escultor, el material de pintura en el pintor, o el soporte de un texto para el escritor o poeta. En agricultura orgánica o ecológica se dice que el elemento central en la producción de alimentos sanos para el ser humano es el suelo. Donde hay un suelo sano, los cultivos crecen sanos, y los animales y los seres humanos que los consumen, también estarán sanos.

Bueno, yo creo que el elemento central de un huerto, una finca agraria o un paisaje, es el ser humano que expresa sus valores, sus aspiraciones y sus habilidades en lo que hace, en el jardín o desierto en que convierte el entorno en que se encuentra. Pero efectivamente, el suelo es un elemento central, de base. La tarea del hortelano/jardinero es conducir el suelo que se encuentra hacia un estado que le permita hacer brotar y crecer cualquier planta que ese director de orquesta quiera tener para componer su propia sinfonía en el espacio y en el tiempo que dirige.

No se trata tanto de imitar la naturaleza, recuperar un suelo o un paisaje para que sea tal como fue antes de que la mano del hombre lo estropeara, sino de cómo hacerle superar sus limitaciones naturales y ser capaz de ser más bello y acogedor de biodiversidad: vegetal, animal y humana. Capaz de generar un sinfonía más elaborada y más bella, armónica y sana.

El hortelano/jardinero, con la ayuda de las plantas y los animales, buscará educar el suelo para que cualquier semilla que le toque quiera brotar en él. Deshaciendo su unilateralidad, adquiriendo nuevos talentos. Para eso tiene que pasar mucho tiempo con él y comprender su naturaleza: sus potencialidades y sus limitaciones.

Experiencia de análisis del suelo en el Huerto- Jardín Triodos.

Como ya os contamos, en la sede central de Triodos Bank en España, situada en el Parque Empresarial de Las Rozas de Madrid, hemos iniciado un trabajo comunitario dentro de la organización para que el espacio natural que rodea al edificio sea un huerto-jardín de todos.

Partiendo de la observación de nuestros suelos del huerto hicimos este sencillo experimento: recoger una muestra de cada una de las parcelas que tenemos ahora en producción (5), cribar el suelo, y meterlo en botellas llenas de agua; agitarlo y dejarlo reposar.

El resultado es el que se muestra en la siguiente foto, donde se ve el aspecto de las muestras después de 24 horas de reposo:

  • La muestra 1 pertenece a la parcela que ha tenido este verano puerros, al este del huerto.
  • La muestra 2 pertenece a la parcela central, norte donde han crecido girasoles en fila y hay plantas medicinales.
  • La muestra 3 es de la parcela con tomates y berenjenas.
  • La muestra 4 es de las fresas, acelgas y lechugas.
  • La muestra 5 es de la pradera central donde estás las Melias arbóreas.

Hay muchos aspectos que se han podido comentar sobre el porqué de la imagen de cada muestra después de 24 horas, que aquí no podemos reproducir. Tal vez señalar que el ejercicio permite en particular comparar unos suelos con otros, en lo que se refiere a la compactación del sustrato que hace que unos, los más inertes, abulten menos después de sedimentarse y otros, con mayor contenido en materia orgánica, queden más hinchados.

También su color nos apunta a un mayor contenido en nutrientes disueltos en la muestra. Así la muestra 3 fue señalada como la mejor para el trabajo hortícola: tan hinchada como la 4 pero más oscura (mayor contenido en nutrientes disueltos o solubles).

Se dejó ver que los nutrientes solubles que no están estabilizados en la materia orgánica en forma de humus, que es del que se alimentan los microorganismos encargados de dar de comer a su vez a las plantas, entran directamente en las plantas generando problemas de alimentación y salud. De hecho, los tomates han mostrado, este verano, particularmente antes de que les pusiéramos paja en el suelo, problemas de grietas en la piel que se atribuyen en la literatura a excesivos cambios de acceso al agua (estrés hídrico entre periodos de riego) y a las marcadas diferencias entre la temperatura diurna y nocturna. Es decir, el suelo necesita una cierta estructura para amortiguar estos cambios que han dañado los tomates. ¿Será la muestra 4 de la parcela donde las fresas llevan dos años en el suelo construyendo un ecosistema complejo y resiliente, la muestra que indica el camino para el resto de las parcelas si queremos cultivar cualquier cosa que queramos en todas ellas?

Hasta entonces tendremos que educar ese suelo y aprender a conducirlo hacia una mejor estructura mediante la plantación de cultivos adecuados que atraigan los animales dentro y fuera del suelo, para hacerlo madurar y darle la capacidad de interpretar después una sinfonía más armoniosa, si es eso lo que decidimos que queremos.

Debajo las muestras enrasadas en suelo, sin agua y después de poner el agua y agitar, al iniciar el experimento:

Baños de bosque

Huertoterapia y mindfulness

Por Marian Molina Márquez, Profesora de Compensación Educativa de 1º y 2º ESO (Sevilla).

El mindfulness es una experimentación de la vida que se basa en la atención plena y consciente del momento presente “El aquí y el ahora”.

Suelo trabajarlo con el alumnado de compensatoria tanto en el aula como en nuestro ecohuerto a través de ejercicios de respiración, con breves momentos de meditación zen que les proporciona mucha calma y disminuye el estrés. Además de potenciar la atención y concentración que redundan en una mayor capacidad del aprendizaje.

Desde el primer momento en el que llegamos al huerto ellos ya están practicando la atención consciente, observando las necesidades de sus cultivos, las posibles plagas o enfermedades que presentan, al igual que cuando estamos plantando las semillas con sumo cuidado deben centrarse en las medidas óptimas que posibiliten su evolución hasta convertirse en frutos y hortalizas. Es una terapia de paz interior.

Les encanta escuchar con los ojos cerrados los sonidos que nos envuelven, los mirlos que acuden a las casitas de pájaros que colgaron de los árboles, al caminar entre las aromáticas oler la fragancia que emanan, disfrutar visualmente con los colores de las flores que se abren lentamente y nos sorprenden día a día. Hay un ejercicio que solemos practicar en círculo tan sencillo como es saborear lentamente cada uno de los frutos que nos regalan los árboles, comenzamos observando fijamente la fruta que tenemos en la mano, su tamaño, forma, pensamos en cómo era cuando el árbol que nos la ofrece era una simple semilla, los años que tardo en crecer, la luz que recibió del sol, las raíces profundas que lo unieron a la tierra, el agua que el agricultor o la lluvia le proporciono, la flor del árbol que se convirtió en este fruto. Posteriormente comienzan a comerlo con pequeños mordiscos para saborearlo, experimentando su jugosidad, y al terminar damos gracias en silencio y mostramos gratitud a la madre tierra por lo que nos ha regalado en este día.

Todos sabemos el poder de sanación que tiene la naturaleza y en nuestro caso este poder lo tiene el espacio del ecohuerto que compartimos.

Me gusta sentarme con el alumnado en un rincón debajo del olmo viejo y recordar escenas de cuando éramos pequeños asociadas a un campo, huerto, bosque o parque; en esos momentos sonreímos al niño que llevamos dentro y le mandamos todo el amor que tenemos. Después caminamos de manera consciente entre los senderos del huerto a la vez que les recuerdo que manden un abrazo y un beso a Gaia con cada paso, a esta tierra que nos brinda este espacio de paz y relajación. En otras ocasiones terminamos abrazándonos al tronco del olmo o del olivo y se conectan con su energía que nos transmite calor y positividad, ayudándonos a alejar todo aquello negativo que nos ha dañado o provocado dolor.

¡Ojalá pudierais ver sus miradas y sus sonrisas!

Por todo lo anteriormente expuesto, ¿cuántos años llevan nuestros jornaleros y agricultores practicando el mindfulness sin ni siquiera ellos saberlo? Gracias por la atención plena mantenida en sus campos y huertas, por ofrecernos tanta vida concentrada en sus frutos y ser sembradores de este aprendizaje de vivir el presente.

Universidad de Cádiz

Educando a futuros maestros en el Huerto Ecológico Universitario

Por Lourdes Aragón Núñez, Profesora Ayudante Doctor del Área de Didáctica de las Ciencias Experimentales de la Universidad de Cádiz. Miembro de la red de universidades cultivadas.

Desde el curso 2013-2014 en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Cádiz (UCA), se lleva utilizando el Huerto Ecológico Universitario como escenario y contexto de aprendizaje. En la asignatura de Educación Ambiental de infantil, los futuros maestros diseñan, crean y ponen en marcha un huerto ecológico que les permite adquirir los contenidos y desarrollar las competencias específicas de la asignatura.

El principal objetivo es que los futuros maestros de infantil conozcan un recurso didáctico con un elevado potencial como es el huerto ecológico integrando en él estrategias metodológicas de base constructivista y que promuevan un aprendizaje integral y significativo. Aprender haciendo es una constante en la asignatura, dado que la propia metodología que se desarrolla forma parte de uno de los contenidos fundamentales a tratar con los alumnos.

Universidad de Cádiz

Un aprendizaje global para poder enseñar

El huerto se presenta como un escenario educativo idóneo, primero porque despierta el interés y conecta desde el primer momento con el alumnado, y segundo, porque supone una manera idónea de unir la teoría con la práctica. Es un lugar perfecto para experimentar con conceptos claves de la asignatura, como son el suelo o los ecosistemas, que posibilita plantear interrogantes reales que favorece el desarrollo de una metodología investigativa como es el “Aprendizaje Basado en Problemas” para tratar diversas cuestiones socioambientales, como la erosión o la pérdida de biodiversidad, y promover la acción.

Así, a través del huerto ecológico los futuros maestros desarrollan otras capacidades esenciales para su desarrollo profesional, como es el trabajar en equipo, tomar decisiones a la hora de planificar, repartir las tareas en el huerto y solventar los continuos problemas que acontecen en él desde una perspectiva ambiental y respetuosa con el medio ambiente. Los estudiantes visualizan y difunden las acciones realizadas a través de un blog de aula que se va actualizando cada año.

Los alumnos, además, tienen que diseñar propuestas didácticas en torno a la Educación Ambiental que al final del semestre son llevados a cabo en forma de taller con los niños y niñas de la etapa de infantil del CEIP Reyes Católicos de Cádiz que participan cada año con nosotros. Esto despierta un enorme interés en los estudiantes que ven como sus propuestas en torno al huerto son llevadas a cabo en un aula real.

Universidad de Cádiz

Nuevo curso lleno de retos

Finalmente, para este curso 2017/2018 nos planteamos nuevos retos. Por un lado, además de continuar colaborando con el programa de Huertos Escolares de la Diputación de Cádiz, se prevé buscar nuevas alianzas. Para ello hemos presentado un proyecto de actuaciones avaladas en colaboración con la Oficina para la Sostenibilidad de la UCA que tiene previsto para este año poner en marcha un Huerto Ecológico en el Campus de Puerto Real. Además, dado el aumento del número de estudiantes que se contempla cada curso académico, se pretende ampliar el espacio disponible, siendo el huerto vertical una buena opción para poder continuar trabajando en la formación inicial de maestros, planteando nuevas innovaciones didácticas.

J-Aulas Abiertas, una escuela viva en la universidad

Por Pablo Torres, presidente de la Asociación J-Aulas Abiertas de Málaga y vicepresidente de la Red de Universidades Cultivadas.

¿Te imaginas un espacio en una universidad lleno de personas de distintas ramas del conocimiento compartiendo sus saberes rodeadas de un entorno natural? ¿Te imaginas un lugar con un bosque comestible, un huerto y un ágora del conocimiento donde los jóvenes y los niños y niñas puedan acudir para soñar el mundo que quieren construir en el futuro? ¿Te imaginas un sitio para invitar a las personas a ser libres, creativas, activas, íntegras, empoderadas y equilibradas emocionalmente cuidando del entorno reconociendo la parte de maestros y aprendices que llevamos cada uno dentro?

De todas estas preguntas nació el sueño de J-Aulas Abiertas, un espacio al aire libre detrás de la Facultad de Ciencias de la Educación en la UMA (Universidad de Málaga), cedido por el Vicerrectorado de Smart-Campus. Desde hace cuatro años en J-Aulas Abiertas se han plantado casi 60 árboles frutales, se han creado caminos a través de la construcción de bancales para plantar verduras y flores, se ha hecho una grada con palets reciclados para empezar a dar forma al futuro ágora, además de la construcción de un domo geodésico con persianas recicladas o una entrada de arcos de caña, entre otras cosas. Esto son algunos de los éxitos, pero el más importante es que cada año pasan más de 1.000 estudiantes y profesores de distintas facultades para impartir las clases en este espacio al aire libre.

¿Cómo se organiza un espacio así?

Las principales dificultades que hemos tenido han sido por falta de recursos económicos y por la entrada y salida de personas de manera constante. Al ser un proyecto altruista el compromiso y la responsabilidad de las personas se convierte en un reto constante. Aún así, hay que decir que esta ida y venida de personas también ha tenido su resultado positivo generando un equipo matriz que custodia la visión del proyecto actualmente. De esta manera, el grupo “Manos” se encarga de cuidar el espacio y el grupo “CoRazón” cuida del proceso grupal y de todas las relaciones institucionales y burocráticas, además de dar a conocer al proyecto más allá del espacio.

En base a la ética y los principios de la permacultura y acompañados por el conocimiento de la facilitación de grupos, J-Aulas Abiertas está en busca de convertirse en un lugar de referencia donde estudiantes de distintas ramas del conocimiento se junten para co-crear y mostrar al mundo un pequeño escaparate de lo que puede ser una sociedad del futuro, basada en la sostenibilidad y en el cuidado de la vida. Además, el equipo matriz cuenta con una interdisciplinariedad de conocimientos ofreciendo talleres de los distintos dominios de la flor de permacultura para asesorar y acompañar a los universitarios y no universitarios que se acerquen al proyecto.

Este año el proyecto cuenta con la posibilidad de tener voluntarios y prácticos para colaborar en co-crear este espacio educativo a través de una acción local y un impacto global. De esta manera, este curso 2017/18 habrá un equipo de más de 10 estudiantes de distintas facultades (Educación, Pedagogía, Comunicación Audiovisual, Periodismo, Bellas Artes, Económicas…) que soñarán el espacio e intentarán concretar necesidades reales que tenga el proyecto. Para completar el sueño estamos en el proceso de integración de distintos colectivos de la ciudad que llevan años planteando alternativas al modo de vida actual. Así, estudiantes de la universidad junto con niños, abuelos, colectivos sociales, profesorado y otros visitantes están haciendo de este espacio que estaba en desuso un lugar para compartir sabidurías, crecer y transformarse personal y colectivamente, gestionándolo de forma comunitaria.

Por último, invitar a todo aquel que se quiera acercar a conocer el proyecto que venga los jueves que es el día que cuidamos del espacio juntos y acompañamos a chicos y chicas con síndrome de Down a mejorar sus capacidades y habilidades.

Además, el 1 de noviembre lanzaremos una campaña de crowdfunding en la plataforma de este portal de Huertos educativos  para mejorar el espacio, ¡esperamos que estéis atentos y podáis colaborar!

Si queréis seguir más de cerca nuestro proyecto nos podéis encontrar aquí.

grupo de consumo

Rincón Utopía

Por Beatriz Fernández Olit, miembro del AMPA del CEIP Luis Cernuda de Madrid.

El Rincón Utopía es el nombre del huerto educativo del CEIP Bilingüe Luis Cernuda, de Madrid. Su nombre evoca la relación armónica que el proyecto pretende, al integrar a toda la comunidad educativa del centro en torno al huerto. Pero también supone un desafío ante nuestras limitaciones de espacio, luz, presupuesto, etc.: el objetivo de nuestro huerto es aspirar a conseguir el máximo de aprendizaje y de contribución a una vida más sostenible en nuestro entorno, eminentemente urbano.

El Rincón Utopía es un huerto pequeñito, con mucha sombra y poco sol, en un colegio del distrito de Hortaleza de Madrid, donde el mayor colorido lo ponen sus alumnas y alumnos, y la multiculturalidad de la comunidad. Lo menos importante en nuestro huerto es la producción propia de frutas y verduras: nuestros 45 m² cultivables nos hacen darnos cuenta de que cada ensalada que nuestros niños y niñas recogen y degustan es un pequeño – y esperado- tesoro. Sabemos que no podríamos competir en un concurso de hortalizas, pero estas visitas semanales de cada aula al huerto son una parte fundamental del programa educativo de nuestro colegio: lo que realmente queremos cosechar es conocimiento y espíritu crítico, bases para que nuestro alumnado y sus familias persigan una transformación social hacia la sostenibilidad.

Cultivando nuevas ideas

Así pues, nos pusimos a “cultivar ideas” que fueran más allá de nuestras modestas capacidades agrícolas. Una de las primeras ideas que surgieron fue la recogida de residuos orgánicos de las familias y del propio centro para darles una nueva vida como compost. “Las vueltas que da la vida” es nuestra reflexión sobre la Economía Circular: el ciclo de la vida en un huerto no se acaba cuando se recogen los frutos, los residuos de nuestro consumo producen nueva vida. Es una dinámica en la que desde hace más de dos años están implicadas numerosas familias del centro y del barrio, el profesorado, y el personal del comedor: nuestra experiencia ha sido reconocida por el propio Ayuntamiento de Madrid como referente y potente herramienta educativa.

No obstante, este éxito de recogida nos planteó un nuevo reto: ¿qué hacer con todo el compost que sobraba tras alimentar nuestro huerto y las macetas de familias y vecinos? La solución pasaba por tejer redes: impulsamos el Grupo de compostaje comunitario de Hortaleza y la Asociación Coopera y Composta, y establecimos acuerdos con los huertos de la Asociación Unida de Productores Agroecológicos, AUPA, para que aprovecharan nuestro excedente de compost. Conseguíamos también apoyar un modelo productivo y económico más humano, cercano y ecológico.

En este punto, más o menos alcanzado a inicios del curso pasado 2016/2017, brotó una nueva idea: como comunidad educativa queríamos comer de forma más sana y responsable, pero nuestro huerto apenas daba para alguna que otra ensalada…, y decidimos crear un grupo de consumo con las familias y profesorado en colaboración con nuestras redes, consumiendo frutas y verduras de cercanía y temporada a través de AUPA. Queremos que, durante el curso que estamos iniciando, este tipo de consumo se extienda a nuestro comedor y desayunos escolares. Por supuesto, nuestro huerto es el lugar de recogida de las cestas…casi, casi como si lo hubiéramos producido allí.

La MOLA: consumo responsable y economía circular que brota del huerto

Nos dimos cuenta de que muchas de las familias que acudían a recoger su cesta aprovechaban el momento para dejar su basura en los cubos para el compostaje. Maduró por tanto la valorización positiva de nuestros residuos como insumo para los productores agroecológicos y como ahorro para los servicios públicos de recogida de basuras. Por ello, nos hemos implicado en el lanzamiento de una moneda social complementaria, la MOLA – Materia Orgánica LiberadA-, que se presentó el pasado 12 de septiembre en nuestro colegio. El valor de esta moneda está respaldado en el coste que supondría que estos residuos acabaran en un vertedero (0,25€/kg). A través de una aplicación móvil se reparten MOLAs entre aquellas personas que participan en un nodo de recogida de residuos, en base a los kilos de basura que aportan. El huerto del CEIP Luis Cernuda es uno de los dos nodos que actualmente están abiertos y reconocidos por las entidades promotoras del proyecto, entre las que está el Grupo de compostaje de Hortaleza. Las MOLAs se pueden gastar en los comercios que se están asociando al proyecto, con la idea de fomentar la compra de barrio, a productores locales o sociales, e incluso los intercambios de bienes de segunda mano entre particulares.

Nuestras niñas y niños son partícipes centrales de todo esto. Nuestros próximos mercadillos participativos contarán con la MOLA como protagonista y la repartiremos entre el alumnado para que aprendan a tomar decisiones de consumo responsable y a entender la economía circular. Los límites que nos impone la valla del colegio los han saltado los propios niños y niñas para integrar a la comunidad, al barrio, en el proyecto, plantando frutales y plantas aromáticas en diferentes terrenos baldíos alrededor del colegio. Esto genera confianza y hace que el colegio sea visto como un centro abierto a todo el vecindario, donde se puede participar. El pequeño Rincón Utopía ya ha invadido y transformado una parte de la convivencia, el paisaje, la alimentación, la salud, y la economía del centro educativo y del barrio. Y queremos que siga así: creciendo a la par con nuestros niños y niñas.

la mola

Mercadillo con Mola. Experiencia piloto.

Huerto – Jardín Triodos

Por Ricardo Colmenares, director de la Fundación Triodos.

En la sede central de Triodos Bank en España, situada en el Parque Empresarial de Las Rozas de Madrid, disponemos de más de 3.500 m2 de superficie de jardín rodeando los edificios de trabajo.

El espacio actual, que hemos logrado revegetado las cubiertas de nuestros aparcamientos subterráneos, ha sido utilizado habitualmente por parte de los empleados del banco de manera puntual: tomar el aire durante los descansos, comer al mediodía al aire libre, e incluso, cuando el tiempo lo permite, organización de eventos con accionistas, clientes y empleados. 

Una cuestión de coherencia e identidad

En nuestro jardín actual, con un diseño marcadamente ornamental, y un cuidado estricto desde los principios de la jardinería ecológica, hemos iniciado un trabajo comunitario dentro de la organización para que sea el huerto-jardín de todos, donde poder compartir y mostrar nuestros valores como entidad a todos los grupos de interés relacionados con el banco que se acerquen por nuestras instalaciones.

Al arrancar el año, un grupo de empleados voluntarios, recibimos formación y visitamos iniciativas de huertos escolares y urbanos en nuestro entorno. Tras esta fase previa, valoramos las acciones para poner en marcha nuestro huerto-jardín, comenzando con la apertura de un hueco de cerca de 200 m2 entre los parterres del jardín.

Cuando el sol apretó este verano, aprovechamos para afinar nuestras capacidades de observación a la sombra, dibujando y pintando formas vegetales para que nos hablen de su naturaleza, enseñándonos a su manera, el lenguaje de lo vivo. Otras veces nos hemos dedicado a fabricar y colgar comederos y nidales para las aves, para ficharles en nuestro equipo de sanidad del huerto, pero también para disfrutar de sus colores y cantos, que nos anuncian el paso de las estaciones. En el huerto todo se convierte en lenguaje si uno aprende a leer sus signos. También en otras ocasiones, hemos compartido cómo aprovechar las plantas que cuidamos para hacer cremas para el cuidado personal o recetas de cocina.

Con paciencia, tesón, y mucho cuidado hemos cultivado ya, en comunidad, multitud de hortalizas: tomates, berenjenas, pimientos, acelgas, lechugas, fresas, puerros, cebollas, remolachas, girasoles, plantas medicinales, flores. Cada una con su carácter, que hay que escuchar para llegar a buen término con el fruto deseado. Ah, y el suelo de huerta no se hace de un año para otro, son necesarios varios años y una adecuada rotación de cultivos para que el suelo madure, se estructure y así amortigüe los cambios de temperatura entre el día y la noche, o entre riego y riego. Si no, los tomates, por ejemplo, se rajan fácilmente. En horticultura ecológica se sabe muy bien, también, que hay plantas que no se llevan bien y no se las debe poner juntas tanto como que hay otras a las que les encanta crecer juntas y hacerse compañía.

Como ya sabréis muchos de los que estáis leyendo este post, la propia Fundación Triodos, con el apoyo del banco y La Asociación Vida Sana, lleva cuatro años promoviendo el uso del huerto en el entorno escolar y en iniciativas sociales a través de este portal. Ahora predicamos con el ejemplo y proponemos el uso del huerto también en la empresa. Algo que no está tan extendido.

Además de los conocidos valores ambientales y sociales que este tipo de entorno nos brinda, nos planteamos cómo se pueden incorporar valores de la identidad de la empresa a la hora de gestionarlo y disfrutarlo. En Triodos Bank, valores como el autoconocimiento, la consciencia sobre el efecto de nuestros actos en el entorno social, la escucha con interés hacia el mundo que nos rodea, la vivencia de la interdependencia, son valores que queremos destacar en las actividades que hacemos.

¿No es la planta un ejemplo maravilloso para nosotros, que es capaz de transformar el duro mineral en bellas flores con sus sutiles pétalos, dulce néctar, llenas de olor y color? Imaginemos la arquetípica rosa ¿No hacemos esto los seres humanos cuando transformamos el mundo físico con nuestras manos, en algo tan sutil, y liviano, como los ideales y valores que compartimos? ¿No tenemos la capacidad, también como la planta, de convertir el mundo en una obra de arte, conectando la tierra con el cielo?

Con la misma paciencia, tesón y mucho cuidado, con el que trabajamos el huerto, podemos cultivar nuestras relaciones con nuestros compañeros de trabajo, con el mundo y desde luego, con nosotros mismos. Un equipo de alto rendimiento en el entorno empresarial tampoco se hace de un día para otro, cada uno con su carácter y sus necesidades, más difícil que en la huerta. Es un trabajo en comunidad. La composición de los equipos ha de atenderse casi como con las verduras, con rotaciones y asociaciones según talentos y habilidades. En las buenas escuelas, a los niños también se les facilita el desarrollo de sus capacidades atendiendo a su temperamento y carácter.