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El reto del compost en las escuelas

Por Manuel Font, gerente de Ecohortus y asesor durante 20 años de entidades, colegios y particulares en temas de huertos y compostaje.

En muchas de las escuelas de nuestro país se ha introducido desde hace años  la elaboración de compostaje a pequeña escala, con la metodología de jardín o el vermicompostaje urbano.

Las razones son claras, tanto por el aspecto educativo, ya que es una estupenda herramienta de trabajo a nivel curricular, por el medioambiental, nos permite comprender el  valor de los ciclos en la naturaleza, y por último por los aspectos relacionados con reciclaje y aprovechamiento de la fracción orgánica de los residuos domésticos y municipales.

No es la razón de este artículo contar los conceptos básicos relacionados con las técnicas de elaboración, sino ayudar a solucionar los posibles problemas que pueden aparecer.

Con el ánimo de que no fracase la experiencia y con mis años de experiencia como formador y divulgador de esta técnica, me atrevo a hacer unos pequeños comentarios:

sacando compost

  • Los aportes: Solo se debería  hacer compost si se dispone de todos los elementos necesarios a nivel de aportes en  el propio colegio. En especial fracción seca o lo que se denomina material estructurante, la fracción húmeda habría de ser muy bien seleccionada previamente. Solución: En caso de no  existir materia seca en el propio colegio debería buscarse restos municipales de poda  triturada o paja.
  • El modelo de compostador: Se recomienda un tamaño máximo de 320 l y un mínimo de 250 l de capacidad, con una buena tapa que impida la entrada de agua incluyendo un sistema de cierre. Es importante que la apertura del mismo sea fácil para la  extracción y la  observación del proceso.
  • El mantenimiento del proceso: Es básico que exista la figura del responsable del centro de compostaje que supervise y marque las normas de uso. La figura del responsable puede ser rotativa, pero nunca se debe de dejar el proceso en manos de alguien sin experiencia.
  • La incorporación de los materiales: Es muy importante que se realice un llenado del compostador al inicio con un volumen de 2/3 de la capacidad, con una buena dosis de humedad y con la colocación de los materiales de forma intercalada: seco, húmedo, seco, húmedo y siempre, la última capa, que es la que se ve al abrir, debe estar tapada con seco para evitar que los materiales húmedos generen la mosca de la fruta.
  • Los aportes húmedos: Hay una costumbre a creer que con los restos de fruta de los alumnos y con los restos del comedor escolar se puede hacer compost. Según mi experiencia, si  se hace solo con los restos de fruta, no hay suficiente material para ayudar a la descomposición de los materiales leñosos y si se incorporan restos procedentes del comedor siempre aparecen restos de comida (carne o pescado) en el compost que generan problemas. Solución: Lo mejor es establecer un protocolo de colaboración con la  cocina y solicitar que nos separe solo los restos orgánicos de la limpieza de las verduras, ensaladas y frutas.
  • La extracción: Es el momento más esperado por los alumnos y que propongo que se realice hacia final de curso, durante el mismo se pueden ir haciendo los aportes, volteos y posibles riegos. Al final de la extracción es bueno dejar algo de compost maduro junto con los restos que no estaban totalmente descompuestos dentro del compostador y volver a hacer un llenado de 2/3 como al principio.

Podría contar muchas cosas más, pero no querría transmitir que hacer compost en las escuelas es complicado, nada está más lejos de mi intención. Os animo sin duda a que pongáis en marcha esta práctica, os deseo mucha suerte y si necesitáis más información, buscad asesoramiento con alguien que haga compost en vuestra localidad.

asociación del campo al cole

¿Es posible una alimentación ecológica en las escuelas españolas?

Por Andrés Muñoz Rico, responsable de comedores agroecológicos.

¿Qué es lo que preocupa a los padres y madres cuando deciden llevar a sus hijos e hijas a una escuela infantil o a un colegio?, ¿el enfoque pedagógico del centro?, ¿el docente responsable del niño? o quizás ¿el ratio por aula del centro?

Y en la alimentación, ¿quién piensa? Son cada vez más los padres y madres que se preocupan por lo que sus hijos e hijas comen en los colegios. Personas que quieren conocer la procedencia de los alimentos, la forma en que se cocinan o la manera en la que se enseña a los pequeños a comerlos.

Un paso interesante para introducir la alimentación ecológica en los centros educativos es el trabajo en los huertos escolares. Numerosos colegios de la geografía española han empezado a trabajar con esta herramienta de sensibilización, que puede ser la antesala para transformar también los comedores escolares en espacios educativos, permitiendo que la alimentación entre en las aulas.

El comedor escolar, en muchos casos, es una parte más del proyecto educativo del huerto, ya que permite cocinar la cosecha producida para ofrecérsela a los alumnos y, es también cada vez más común, que los residuos orgánicos de los comedores acaben en la compostadora del centro para luego abonar y mejorar los cultivos.

Imagen Campaña

En Aragón, ya existen más de treinta colegios públicos (y algunos privados y concertados) que apuestan por alimentos ecológicos cultivados en sus alrededores, seguidos de Cataluña, que son también pioneros en esta materia. En el caso de estos colegios el coste para las familias es el mismo que el utilizado con productos no ecológicos, e incluso algunos colegios pagan menos ya que compran directamente a productores locales.

Experiencias de este tipo han motivado que un grupo de personas hayamos creado del Campo al Cole, una asociación sin ánimo de lucro que asesora a centros escolares de Madrid sobre menús agroecológicos y distribuye alimentos ecológicos, de cercanía y de temporada en los centros educativos.

Nuestra experiencia de este último año nos ha llevado a conocer más sobre la realidad de la alimentación escolar en España. Así que hemos decidido lanzar una campaña de crowdfunding para investigar más sobre los comedores escolares y conocer la normativa que los rige, qué empresas hay detrás del negocio de los catering escolares o qué alimentos se comen y su origen.

Para poder hacer todo esto necesitamos de la ayuda de madres y padres concienciados con la alimentación de sus hijos e hijas. También requerimos de docentes y equipos directivos comprometidos con modelos de comedores escolares acordes con proyectos educativos transformadores. Y por último, como no, de profesionales de la hostelería sensibilizados con la alimentación que ofrecen a los niños y niñas en los colegios.

¿Eres de las personas que opinas que “somos lo que comemos”?, ¿te animas a impulsar el cambio?

Abril aguas mil

Por Cristina Zarauza Creo, profesora de infantil de la EEI o Areal. Ganador del primer premio en la categoría de infantil del Premio Nacional Huertos Escolares Ecológicos 2015.

Nuestra escuela la EEI o Areal está situada junto a la playa de A Ladeira en el municipio de Baiona, en la costa sur de Pontevedra. Somos una pequeña escuela de tan solo tres unidades de infantil. Contamos aproximadamente con unos 56 alumnos. La mayor parte de ellos residen en el núcleo urbano del municipio, por lo que trabajar en un huerto ecológico está siendo una experiencia atractiva y novedosa para todos.

En nuestra zona, las condiciones climáticas hacen que no siempre podamos salir a trabajar directamente en el huerto pero no por ello dejamos aparcado este proyecto.

¿Qué hacer todos esos días que por causa de la lluvia no podemos salir al huerto? Hay muchas actividades que se pueden desarrollar dentro de las aulas que siguen despertando un gran interés entre los pequeños y a la vez están cargadas de un importantísimo valor pedagógico.

Este es un resumen de actividades que el curso pasado pusimos en práctica con muy buenos resultados:

Compostamos  1. Compost en bolsas

Aunque el centro cuenta con un compostero, para poder ver más de cerca el proceso de descomposición de los alimentos, los alumnos trajeron de sus casas, en bolsas herméticas y transparentes, mondas de patatas, frutas y hortalizas. A cada bolsa le metimos carbón vegetal para neutralizar un poco el mal olor y durante toda una semana fuimos viendo todo el proceso de putrefacción de la materia orgánica. Posteriormente, vaciamos las bolsas en el compostero para que los “bichitos” terminasen de hacer su trabajo.

 

  1. Plantamos semillas de tomates, lechugas, fresas y… ¡otras cosas!

Fuimos guardando los envases de los yogures que se consumieron en el cole para realizar un semillero, echamos tierra, abono, semillas de tomate o lechuga (lo que cada uno eligiese) y agua. Lo cuidamos, lo regamos y lo pusimos cerca de la ventana para aprovechar la luz solar.

La clase de 3 años hizo además un pequeño experimento sobre qué se podía plantar y terminaron plantando ceras, tapones o chinchetas.

De todo ello, se hizo un registro semanal del crecimiento y de las necesidades de las plantas y se recogió en un cuadro de doble entrada. Se trabajó la lectoescritura por medio de unas fichas en las que los niños/as podías plasmar sus conocimientos.

Composicion 1

  1. Espantapájaros y manualidades de colores

Durante los días de lluvia, aprovechamos los momentos de ocio para realizar bandas de colores con bolsas de basura que nos sobraron de los disfraces de carnaval, y las pegamos haciendo una serie de cuatro colores sobre una cinta adhesiva.

Con botes de leche en polvo vacíos, hicimos abejas decorativas para “invitar” a la polinización y con tapones de botellas, realizamos una “supermariposa de colores” para embellecer nuestro pequeño huerto.

composicion 2

  1. Decoración de nuestro cole

Varias imágenes valen más que mil palabras. Todos los materiales posibles son reciclados y las temáticas tienen siempre que ver con la naturaleza y con nuestro huerto. ¡Fomentamos la creatividad de nuestros pequeños artistas!

composicion deco

Esperamos que os puedan servir estas actividades para que ¡no os falten ideas un día de lluvia!

verduras

Consumo consciente y responsable en las aulas

Por CERAI – Centro de Estudios Rurales y de Agricultura Internacional

La infancia es la mejor etapa de la vida para adquirir unos buenos hábitos de consumo. La comunidad educativa (profesores y profesoras, padres y madres, monitores de comedor, etc.) juega un papel fundamental en este aprendizaje y puede hacerse promotora de un estilo de vida y de consumo crítico y responsable.

Por este motivo, desde CERAI hemos creado la Maleta Pedagógica “Yo consumo con consciencia, siembro esperanza”, cuyos contenidos están dirigidos a alumnos de primaria y secundaria, entre los 8 y los 15 años, con actividades adaptables a otras edades.

somos lo que comemosEl material se estructura en torno a 4 grandes categorías: Salud, Comercio Responsable, Ciencia y Cultura y Biodiversidad-Medio Ambiente. En cada categoría se presentan unas preguntas orientadoras para que el alumnado reflexione sobre sus hábitos de consumo y se planteen acciones sencillas de cambio para el día a día. A través de actividades prácticas, se introduce al alumnado en propuestas de acción hacia un modelo de consumo sostenible, en el que la agroecología está presente como enfoque principal. Finalmente, cada apartado se completa con recomendaciones de libros, vídeos o sitios web que pueden ayudar a ampliar la información sobre los temas propuestos.

El material se ha distribuido de forma impresa a 40 centros de primaria y de secundaria de la Comunidad Valenciana, pero está disponible en la web de CERAI para cualquier centro que desee emplearlo como material de trabajo para el alumnado:

También se han desarrollado un póster y un calendario con las fechas más relevantes del año relacionadas con los temas trabajados en la maleta.

Esta maleta pedagógica es un material complementario a la puesta en marcha de un huerto ecológico en los centros escolares, pues su contenido está orientado a sensibilizar a toda la comunidad educativa sobre el valor del consumo consciente y responsable, y su repercusión sobre la salud y el entorno.

Más información en el siguiente enlace.

Maleta-pedagógica-CERAI

Changemaker

Escuelas Changemaker comprometidas, también, con el medio ambiente

Por Javier Travieso, Ashoka España.

En Ashoka creemos que, actuando con cada uno de los individuos, podemos transformar la sociedad.  Trabajamos para construir un mundo donde todos seamos agentes de cambio. Personas capaces de reconocer una problemática en su entorno, buscar ideas para solucionarla, trasmitirlo a otras personas y generar con ello un cambio social.

Conseguir esto requiere aprender y practicar habilidades un tanto olvidadas en los sistemas educativos tradicionales: empatía, creatividad, colaboración o liderazgo compartido. Por eso Ashoka está trabajando en un plan mundial para reconocer escuelas que estén trabajando en esta línea (Escuelas Changemaker) para ponerlas en conexión a través de nuestra red e inspirar a través de su ejemplo y sus distintos modelos y contextos.

Buscamos escuelas que conciban al niño como protagonista, no como un mero recipiente que hay que rellenar; escuelas que demuestren habilidad y disposición para desarrollar nuevas ideas, con relevancia e influencia sobre otros actores del campo educativo, un equipo comprometido y una metodología replicable en otros centros.

Dentro de esta visión, la sostenibilidad medioambiental juega un papel clave: no es casual que el huerto sea un elemento constante en las escuelas de nuestra red. Queremos promover el huerto como lugar de encuentro y de conocimiento, como punto de partida e hilo conductor para desarrollar proyectos.

Algunas Escuelas Changemaker con huertos

Escola Sadako

Escola Sadako

En España, en Pontevedra, la Escuela rural O Pelouro es un buen ejemplo de nuestra visión: su modelo interactivo-intersectivo  gira alrededor del niño como protagonista.  Se desarrolla a través de proyectos centrados en su identidad, en la búsqueda de sus pasiones y su talento. En O Pelouro los niños aprenden a ver el mundo y a mejorarlo con otros niños de distintas capacidades. Además de colegio de infantil a secundaria ha sido granja escuela durante mucho tiempo y su huerto escolar es parte esencial del proyecto educativo.

En Escola Sadako, en Barcelona, no hay pupitres individuales. Se fomenta el aprendizaje colaborativo de interniveles y la toma de decisiones en una asamblea. La educación emocional, social y filosófica se practica asiduamente y se realizan proyectos de aprendizaje y servicio, de manera que los alumnos lanzan sus propias iniciativas de emprendimiento social dentro y fuera del aula. Además de un precioso huerto escolar poseen el único jardín vertical de todo Barcelona, gestionado por los alumnos y alumnas.

Por su parte, CEIP La Biznaga, en Málaga, cuenta con un huerto en el que participan familias, alumnos y docentes, promueve el uso de instrumentos personales para que los alumnos desarrollen todas sus potencialidades y sus capacidades.  Pretenden educarlos como personas autónomas dándoles voz y haciéndoles saber que pueden resolver cualquier situación problemática que se les presente.

O Institut de Sils, Girona, es una escuela con múltiples proyectos y servicios a la comunidad entre los cuales destaca el huerto, como elemento curricular y de aprendizaje de valores para favorecer la socialización de los alumnos.

CEIP La Biznaga

CEIP La Biznaga

Estas son algunas de las Escuelas Changemaker de la red, escuelas que han comprendido que la educación también debe ocuparse de formar personas capaces de trabajar juntas por un mundo mejor.

Puedes encontrar más información en este enlace.

Plantas aromáticas

Soluciones ecológicas para proteger los cultivos

Por Fundación Triodos.

Uno de los problemas que nos podemos encontrar en el huerto ecológico son las posibles plagas o enfermedades que afectan a las hortalizas. Mantener un correcto equilibrio ecológico será fundamental para el buen funcionamiento del huerto, de forma que no solo se evite la aparición de plagas sino también frenar su propagación.

Las plantas aromáticas ofrecen muchas soluciones a las posibles plagas que puedan producirse en el huerto. Algunas de ellas actúan como repelentes para los insectos y frenarán en un buen porcentaje el aumento de cualquier tipo de plaga de una forma ecológica, como romero, lavanda, tomillo, menta, salvia y albahaca. Otras atraerán insectos beneficiosos que se encargarán de devorar a aquellos causantes de plagas: eneldo, borraja, hinojo o mejorana.

Proyecto de plantas aromáticas del colegio Maristas de Girona.

Proyecto de plantas aromáticas de los alumnos de ESO del Colegio Prínceps de Girona.

En el colegio Maristas de Girona han utilizado las plantas aromáticas para realizar un proyecto concreto con los alumnos de primero de ESO, donde se trabajan sus usos, propiedades y las 10 principales aplicaciones con la ayuda de pequeños instrumentos como por ejemplo el alambique. Han plantado en los márgenes del huerto diferentes tipos de plantas medicinales, que también son utilizadas por los más pequeños para entender las relaciones entre los diferentes elementos de la naturaleza y los seres vivos e, incluso, para elaborar pequeñas recetas como Requesón con plantas aromáticas.

El aceite de Neem es otro tratamiento ecológico que nos puede ser útil para nuestro huerto. Como insecticida, el aceite de Neem es un producto totalmente natural, sin riesgos para la planta o la persona que lo emplee, que interrumpe el desarrollo de los huevos y larvas. Al ser biodegradable si se aplica en el suelo actuará dentro de la planta, siendo mucho más eficaz en climas cálidos.

El agua jabonosa, es decir, agua en la que se ha disuelto detergente, es también eficaz contra pulgones si pulverizamos con ella. El Ceip Vicenta Ruso utilizó esta solución, entre otras, para proteger a los cultivos de los pulgones y fueron los propios alumnos los que pulverizaron las plantas con una solución preparada con jabón potásico.

Además en este centro también usaron ceniza y cerveza para proteger a las plantas de caracoles y babosas. Estos moluscos herbívoros pueden afectar a las hojas y a los frutos de casi todas las plantas, sobre todo a los de hojas tiernas: acelgas, albahaca, espinacas, lechuga…y convertirse en plaga si no se controlan. Con la ceniza aplicada sobre la tierra se pueden crear barreras alrededor del huerto o de las hortalizas que queramos proteger y la cerveza debemos usarla colocándola en un cuenco o vaso pequeño que deberemos ubicar en sitios oscuros y húmedos del huerto. Tanto los caracoles como las babosas se ven atraídos por la cerveza y, cuando llegan al vaso, resbalan por sus paredes y caen dentro sin poder salir.

Las infusiones de ortiga es otra solución que han usado muchos de los centros premiados en el Premio Nacional Huertos Escolares Ecológicos, como el colegio Huerta Santa Ana, o el colegio Maristas de Girona, cuyos alumnos aprovecharon este taller de preparación de la infusión para trabajar contenidos de muy diversas áreas como matemáticas, educación física y conocimiento del medio natural, social y cultural, entre otros. Estas infusiones son eficaces contra los pulgones, ácaros y algunos hongos. Para realizar la infusión se deja macerar alrededor de un kilo de ortigas en unos 5 litros de agua durante unos 20 días y después se incorpora a la planta. El preparado se debe remover diariamente.

Con todas estas claves, ¿te atreves ahora a luchar contra las plagas? ¿Conoces alguna otra receta ecológica para contribuir con ella a este post?

Colegio Huerta Santa Ana

Alumnos del colegio Huerta Santa Ana

El huerto como laboratorio

El huerto, el mejor laboratorio

Por Noelia Fernández y Ricardo Muguruza, profesores de Muskizko Ikastola, Bizkaia. Ganador del segundo premio en la categoría de infantil del premio nacional Huertos Escolares Ecológicos 2015.

En nuestro huerto tenemos 3 bancadas de plantación, un invernadero, un estanque, un jardín de flora auxiliar y un pequeño jardín de aromáticas y bulbos.

Cada grupo de edad (3, 4 y 5) es responsable de una bancada y de las zonas comunes y los más pequeñitos de 2 años participan en el jardín de hierbas aromáticas.

Ser responsables de las bancadas implica: preparar la tierra, crear semilleros, cultivar diferentes plantas, su observación, cuidado y recolección. De esta manera no sólo fomentamos un cultivo responsable, la utilización de los recursos de una manera sostenible y una actitud respetuosa con el medio ambiente, sino que además nos sirve como hilo conductor y punto de partida para trabajar numerosos proyectos.

En nuestro caso hemos utilizado la huerta como laboratorio científico para observar, plantear hipótesis y experimentar con la luz, el agua, el aire y la función de los insectos y de otros animales en nuestro entorno. A continuación os contamos algunas de estas actividades.

foto artículo 8Los insectos y otros animales: cuando preparamos nuestra primera bancada, utilizando el método de cultivo en acolchado (ya que no necesita maquinaria ni mover la tierra), nos encontramos la primera oportunidad de observar la importancia de los insectos y otros animales en nuestro huerto. Comprobamos con sorpresa el increíble trabajo que realizaron en 4 meses transformando una tierra dura, de mala calidad, en un huerto fértil, así como la importancia que tienen para el control de plagas sin necesidad de ningún producto químico. Para favorecer este equilibrio ecológico vimos la conveniencia de añadir un jardín de flora auxiliar y un pequeño estanque.

 

 

Ciencia: durante el curso, los de tres años realizan experimentos en torno al agua, los de 4 sobre el aire y los de 5 en torno a la luz. El huerto es un lugar excepcional para observar y experimentar con estos tres elementos.

  1. Agua: experimentamos con el agua, conocemos sus ciclos, la dependencia que los seres vivos buscando ranastenemos de ella y por lo tanto la importancia de un uso responsable de ésta.
  2. Luz: certificamos la necesidad que tenemos los seres vivos de la luz, así mismo observamos diferentes fenómenos que se producen con la misma como la fotosíntesis, las sombras, el arcoíris, etc.
  3. Aire: al igual que sucede con la luz y el agua, comprobamos la importancia que tienen para la vida de las plantas y como éstas ayudan a conseguir un medio ambiente más limpio.

Con estos sencillos experimentos conseguimos observar los elementos del medio físico natural para entender su función y la influencia recíproca con todos los seres vivos. Pero, esta metodología basada en la investigación ha supuesto, sobre todo, que el huerto se convierta en un centro de interés motivador para poder trabajar mediante proyectos las diferentes competencias establecidas en el currículo.

En el huerto fomentamos las ganas de aprender.

foto artículo 11

Construyendo un nuevo huerto en la Escuela IDEO

Por Pablo Llobera, responsable del Plan Ecológico de la Escuela IDEO.

Durante los meses de noviembre y diciembre de 2015, la Escuela IDEO, con el apoyo de la Fundación Triodos, realizó una campaña de microfinanciación colectiva para acometer unas obras de mejora en el huerto escolar. Finalmente, con las aportaciones de más de 100 personas, familias y la colaboración de algunas empresas y entidades, conseguimos alcanzar los 3.000 euros presupuestados inicialmente.

Pues bien, desde primeros de febrero ya estamos ¡manos a la obra!. El alumnado de 4º, 5º y 6º de educación primaria está trabajando junto al Colectivo Basurama, en la construcción de banquetas y jardineras verticales y en la elaboración de un original mural de hortalizas en la valla metálica.

Además, han dado una imprimación verde a una parte del muro, para que sirva como pizarra-encerado, donde se pueda dibujar y pintar con tizas.

Construyendo el huerto

Los elementos de madera están construyéndose con madera reutilizada, y el alumnado está aprendiendo a utilizar, siempre trabajando en equipo, y como puede apreciarse en las fotos, distintas herramientas de carpintería, tanto manuales como eléctricas: sierra, martillo, alicate, destornillador…

En este proyecto de remodelación se están volcando todas las asignaturas posibles: conocimiento del medio, lengua (nombres de las herramientas), inglés (vocabulario), tecnología (materiales, manejo de herramientas, sistemas de sujeción…), educación física (trabajo manual), etc., demostrando que la educación integral requiere de la aportación desde todas las disciplinas y saberes posibles. 

Las obras avanzan rápido, y es muy posible que finalicen antes de Semana Santa. Queremos entregar las recompensas de la campaña de crowdfunding precisamente en la víspera de las vacaciones: será el jueves 17 marzo de 15 a 17.00 h. en el propio huerto. A todos los que habéis apoyado el proyecto: ¡os esperamos!.

Montando el huerto

Construyendo, en equipo, el nuevo huerto de la Escuela IDEO.

fertilidad de la tierra

Algunos experimentos científicos para mejorar la fertilidad de la tierra

Por Alfredo Matías Oteros López coordinador del huerto escolar en el CEIP Vicenta Ruso, Santa Pola. Ganador del segundo premio en la categoría de primaria del premio nacional Huertos Escolares Ecológicos 2015.

Uno de los principales problemas que nos encontramos en el huerto escolar es la fertilidad de la tierra. A veces, por más que insistamos, nuestras hortalizas no son tan grandes como las que encontramos en el mercado. En nuestro caso hay que tener en cuenta que es ecológico y no usamos productos químicos.

Por todo ello, hicimos trabajos de experimentación para mejorar la fertilidad de la tierra empleando elementos de nuestro entorno y también productos elaborados. A continuación os contamos tres experimentos que hicimos con los alumnos que nos dieron buenos resultados:

  1. En primer lugar, enriquecimos la tierra con sales minerales: lo hicimos con agua de mar, arena de la playa y vegetación marina utilizando posidonia, planta acuática endémica del Mediterráneo.

-Usamos el agua de mar para regar. Diluimos una parte de agua de mar por cien de agua dulce. Con esto queríamos aportar los minerales que tiene el agua de mar. En su caso, incluyen todos los de la tabla periódica.

– También usamos arena de la playa. Algunos agricultores de la zona nos indicaron que antiguamente le echaban un puñado de arena de la playa al hoyo donde repicaban la pequeña mata de melón. Nos cuentan que salían dulcísimos. Nosotros hicimos lo mismo pero en lugar de melones fue con las tomateras.

– Añadimos posidonia (100 gr. por metro cuadrado).

En los siguientes casos, además de aplicar estos elementos que nos proporciona la propia naturaleza, decidimos elaborar dos productos con el mismo fin: microorganismos beneficiosos y biofertilizantes fermentados.

2. Captación de microorganismos beneficiosos. Para ello solo necesitamos arroz hervido y un envase de yogurt. Lo dejamos en un lugar donde haya tierra fértil, como un bosque, y lo recogemos a la semana. Posteriormente, su contenido lo diluimos en agua y lo aplicamos al terreno. Algo parecido comentaba el hispano Lucius Junius Moderatus, conocido como Columela, escritor agrónomo romano. Decía que para mejorar una tierra poco fértil una manera de hacerlo era coger una porción de tierra de una zona muy fértil y llevarla a su nuevo lugar.

3. Biofertilizantes fermentados. Éstos son súper abonos líquidos preparados a base de estiércol fresco (o humus de lombriz), disuelto en agua y enriquecida con leche (o yogurt natural), melaza (o azúcar moreno) y ceniza, que se deja fermentar varios días, e incluso meses, en bidones de plástico, bajo un sistema anaeróbico (sin la presencia de oxígeno). En nuestro caso reutilizamos dos garrafas de aceite de 25 litros del comedor escolar, en una incorporamos compost y en otra restos de frutas, hojas y verduras. En ambas añadimos agua, azúcar moreno, leche y ceniza.

En los siguientes videos podéis ver de forma detallada todos los pasos necesarios para elaborarlos:

Cada uno de estos experimentos lo realizamos en un bancal diferente. Los resultados fueron satisfactorios. No somos científicos pero observamos que no provocó daños en los cultivos y que la cosecha fue buena y todo tenía muy buen aspecto.

Os animamos a practicar estas experiencias con los alumnos, tanto por la mejora en la calidad de la tierra que suponen, como por su utilidad para transmitir conceptos relacionados con la importancia del tratamiento ecológico de la tierra y sus cultivos.

 

 

Coste de los alimentos

¿Cuál es el coste verdadero de lo que comemos?

Por Ricardo Colmenares, director de la Fundación Triodos.

¿Son más sociales los alimentos más baratos, por ser más accesibles a las personas con menos recursos? ¿Son entonces los alimentos ecológicos menos sociales porque son más caros que los convencionales? Cada día se tienen más datos que demuestran que los sistemas convencionales de producción de alimentos baratos, causan efectos graves en la salud, tanto de los ecosistemas como de los seres humanos, resultando insostenibles (ambiental, social y económicamente hablando) a corto y medio plazo para las sociedades que los soportan. Mientras que desde el enfoque de la agricultura ecológica se desarrollan alternativas reconocidas por organismos internacionales como más eficaces a medio y largo plazo para la seguridad alimentaria de toda la población.

Como se extrae de varios estudios científicos realizados en países Europeos y en EEUU, los ciudadanos acabamos pagando hasta tres veces por los alimentos que consumimos: una al comprarlos, otra al pagar con nuestros impuestos las ayudas que reciben los agricultores, y aún otra tercera, cuando intentamos arreglar los efectos nocivos ambientales (incluida la salud personal) que provocan estos sistemas convencionales de producción. Son los llamados costes ocultos o externalidades, que los agricultores y ganaderos convencionales no tienen que asumir en sus costes y por lo tanto repercutirlos al precio del producto ante el consumidor. Mientras que los agricultores que producen con prácticas ecológicas no los externalizan, no los reparten al resto de la sociedad, sencillamente porque no los generan o lo hacen de manera notablemente menor.productos finca el rebolloso

¿Podemos cuantificar lo que le cuestan al ciudadano de un país europeo esos costes ocultos? Es difícil medirlo, pero ya hay algunas estimaciones que nos permiten hacernos una idea. En el informe “Hacia una agroética”, Jorge Riechmann llega a la conclusión de que las “externalidades” negativas producidas por la agricultura ecológica ascenderían a lo sumo a una tercera parte de las de la agricultura convencional y se verían compensadas por externalidades positivas más elevadas tales como la conservación de la biodiversidad cultural y natural, o los efectos terapéuticos e inspirativos de un paisaje bello y sano.

¿Quién debe asumir las externalidades negativas de la agricultura convencional? ¿Qué parte del coste verdadero de los alimentos estamos pagando al adquirirlos? ¿Qué coste social, laboral, ambiental y sobre la salud incorpora el precio que pagamos y cuál no? La fuente de reflexiones en torno al precio de los alimentos es inagotable.

El huerto escolar es también una herramienta realmente valiosa para que los alumnos determinen cuál debería ser el coste real de los alimentos, valorando el esfuerzo y el tiempo que supone su producción y añadiendo los posibles costes de material y transporte que se necesitan para poder llevar la cosecha hasta el punto de venta. Si sumamos todos estos costes y luego comparamos el precio que estos alimentos tienen en las grandes superficies tendremos un ejemplo perfecto para explicar a los alumnos las externalidades que supone la cadena de valor de la producción alimentaria moderna.

Solo de esta manera, observando, conociendo y reflexionando, seremos capaces de atribuir a los alimentos su valor – y precio- verdaderos.

Podéis consultar el artículo completo sobre este tema aquí.