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Un huerto especial y sostenible

Por Pepe Romero Manzano, responsable del taller de horticultura del Colegio de E. Especial “Ntra. Sra. De las Cruces” Plena Inclusión Don Benito, Badajoz.

Cuando los chavales con discapacidad intelectual entran en los 16 y hasta los 20 años, es el momento adecuado para cursar los “Programas para la Transición a la Vida Adulta (P.T.V.A.)”, una etapa decisiva para que ellos y ellas se sientan mayores y puedan acceder a esa funcionalidad de los aprendizajes ya adquiridos en la Educación Básica Especial.

Los talleres de los P.T.V.A. son un elemento educativo imprescindible; supone salir de las aulas, tomar contacto con el mundo pre laboral, utilizar ropa apropiada, manejar herramientas, trabajar en equipo, etc. Es por ello por lo que, para este alumnado, personas con discapacidad intelectual y por tanto con necesidades educativas especiales, es una etapa que les hace “sentirse útiles, más seguros y mayores”.

Nuestro taller de horticultura, con más de 400 metros cuadrados, dispone de los condicionantes necesarios para educar en las tareas de campo: disponemos de tierra fértil y fácil de labrar, agua abundante y sobre todo ilusión, constancia y dedicación. El aporcado lo realizamos mediante un abonado natural, granja de gallinas, serrín de pino y realizamos un compostaje sencillo con materiales en desuso propios de la tarea diaria.

El proceso ha necesitado varios años de esfuerzo y ha supuesto toda una aventura donde no faltaron aciertos y muchos errores. Educar en plena naturaleza, con tareas propias de una educación especial y enfocada a chavales con discapacidad resulta muy gratificante.

Son muchas, muchísimas las acciones necesarias para afianzar una educación adaptada: limpieza general, preparación del terreno, aporcado, elaboración de caballetes, siembra, mullido, riego a goteo, control de las malas hierbas, recolección del fruto y reparto de los mismos.

En el curso 2008, con ayuda de nuestra asociación Aprosuba 4, decidimos construir un invernadero de 60 metros cuadrados, pudiendo disfrutar de una horticultura protegida y amén de las condiciones climatológicas. Aun recuerdo cuando montamos la estructura metálica, los plásticos y el emotivo acto inaugural. Nunca faltó ayuda por parte de nuestros chavales y otros jóvenes pertenecientes a programas de inclusión social de aquella época; unas instalaciones, que hasta el día de hoy cumplen perfectamente su cometido pudiendo trabajar en pleno invierno, más calentitos y bajo techo.

Veíamos que los frutos resultantes eran de buen aspecto y cierta calidad, todo el centro accedía a nuestros productos: verduras, lechugas, puerros, habas, etc… las bolsas iban de aquí para allá en manos de nuestros chavales y a cambio… un pequeño donativo. Luchando y con persistencia conseguimos algunos ahorrillos pudiendo acceder en dos años a un cobertizo de 20 metros cuadrados. Preparamos la solera de hormigón, montamos las piezas, las barnizamos y construimos “La Casita del huerto”. Es en este nuevo y acogedor espacio donde desarrollamos desde entonces tareas muy diversas: clasificación de plantas, preparación de semilleros, desayunos, pesaje, embolsado y tiempos de descanso.

Hemos creado un entorno agradable con árboles frutales, hemos practicado diferentes técnicas de cultivo, sistemas de riego a goteo, infraestructuras para combatir el calor, mesas de cultivo, mobiliario adaptado, accesos y herramientas.

La comunidad educativa está sensibilizada con nuestro proyecto y se ha volcado con nuestra iniciativa; en ocasiones ayudando, en otras, beneficiándose de nuestros productos, obteniendo así los recursos necesarios para llevar este huerto-taller con autofinanciación y transparencia. Mi compañera Inma lleva siempre bien las cuentas y registros.

Disponer de un entorno socio familiar dispuesto a colaborar es imprescindible; nos ayuda a dar salida a los productos, cerrar el círculo productivo y manejar las monedas que no siempre nos resultan fáciles para nuestro alumnado.

Son muchas y variadas las tareas que llevamos a cabo para sacar adelante nuestro proyecto; una educación personalizada prima por encima de cualquier otro objetivo y el alumnado manifiesta un entusiasmo que se respira en el ambiente.

“El entorno del huerto”, ha originado extraordinarios hábitos de trabajo, al tiempo que un gran impacto entre familias y amigos del entorno que siguen día a día nuestra labor y el potencial prelaboral que desarrollamos.

Hoy en día, cientos de personas cercanos al alumnado disfrutan de la actividad mediante la red social Facebook en la que exponemos nuestras imágenes semanalmente con fotos y videos representativos que provocan muchas reacciones, nos alientan y además no faltan comentarios constructivos al conocer nuestra labor diaria.

Queremos llegar aún más lejos, romper más barreras y ofrecer siempre que sea viable la posibilidad de participar activamente en el taller mediante nuestro programa “Pásate por nuestro huerto”, al que asisten de forma rotativa familiares y personas allegadas para compartir la jornada escolar.

Consideramos que llevar a cabo un taller con estas características genera grandes satisfacciones, así como un reto tanto para docentes como discentes y, por si fuera poco, revierte en beneficio del taller y en una educación integral con buen hacer y alto grado de responsabilidad.

Os animamos a ponerlo en práctica. ¡El ÉXITO ESTÁ ASEGURADO!

Podéis seguirnos en el Perfil de Facebook: Pepe Romero Huerto

Integración a través del huerto

Un huerto para cosechar integración

Por Mercè Gil Viñas, tutora de la USEE del IES Príncep de Girona, Barcelona.

La función primordial de la Unidad de Apoyo a la Educación Especial (USEE) del Institut Príncep de Girona (Barcelona) es promover la participación de alumnos con discapacidad intelectual o del desarrollo matriculados en el centro en entornos escolares ordinarios.

Huerto IES Príncep de Girona

El huerto escolar ecológico se puso en marcha, desde esta perspectiva inclusiva, como recurso que permitiera a estos alumnos la realización de aprendizajes en interacción con compañeros que presentaban capacidades cognitivas diferentes. Sin duda, el hecho de que surgiera el huerto como entorno de aprendizaje desde la educación especial se debe a razones educativas ligadas a motivos de tipo terapéutico:

  • Nos encontramos ante un recurso adecuado para realizar actividades vivenciales y manipulativas al aire libre, cercano a la naturaleza, más allá de las cuatro paredes de un aula.
  • Debido a sus características, esta actividad permite a los estudiantes trabajar a un ritmo pausado, paciente y tranquilo, lo que reduce el estrés y aporta una sensación de bienestar y satisfacción por los logros que se consiguen.
  • Además, las labores relacionadas con el huerto favorecen la comunicación entre los compañeros y también con el profesor, se adaptan a las posibilidades de los alumnos con dificultades de aprendizaje y comunicación y facilitan, así, su inclusión a través de la cooperación entre iguales.
  • Estas condiciones tan favorables en todos los sentidos producen una sustancial mejora de la autoestima en los alumnos con discapacidad intelectual y/o del desarrollo y se traducen igualmente en una gran fuente de motivación.
  • La puesta en marcha de un huerto escolar ecológico aumenta su disposición hacia el aprendizaje, favorece su capacidad de atención y fomenta la mejora en las habilidades cognitivas y la estimulación de la memoria a corto y medio plazo.

Más allá de las ventajas ya citadas, resulta evidente que se trata de un recurso que favorece la integración de los alumnos de la USEE en entornos escolares ordinarios y mejora la cohesión de los grupos participantes. Esto último, a partir del bienestar físico y mental que emana de las actividades realizadas en contacto directo con la naturaleza y sus procesos de cambio.

Podéis conocer todos los detalles del huerto escolar del Instituto Príncep de Girona consultando la memoria que hemos preparado sobre este proyecto o visitando nuestro blog (en catalán).