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Limpiar una senda. Aprender valores

Por Javier Herrero y Marién Fuentes, co-fundadores de ojo de agua-ambiente educativo

Ojo de agua situado en Orba, Alicante, es una iniciativa educativa muy peculiar. Es un lugar que tiende a la sostenibilidad, que se alimenta exclusivamente de energía solar, cuyo edificio está diseñado con criterios bioclimáticos y de bioconstrucción, cuya gestión del agua es plenamente consciente, con capacidad para recoger y almacenar agua de lluvia en torno a un 250.000 l., una piscina biológica y un sistema de fitodepuración de aguas grises y negras.

En este contexto ecológico, la propuesta educativa consiste en que los niños y jóvenes decidan por sí mismos qué, cómo, con qué y durante cuánto tiempo aprender. Prácticamente, el 100% de la actividad responde a su iniciativa.

Limpieza de la senda

ojo-de-aguaEl 76% de los menores y jóvenes que participan en ojo de agua- ambiente educativo decidieron por propia voluntad dedicar un día entero de su vida a retirar vidrios, metales oxidados, escombros y todo tipo de objetos para limpiar una senda en un bosque cercano.

Ojo de agua se encuentra al final de un camino rural de un único carril a 1 km del casco urbano, pero el gran número de familias que desean que sus hijos vivan esta experiencia educativa hace que el acceso se colapse en ocasiones. Por eso, se planteó en la asamblea que se organiza semanalmente, tener la posibilidad de recuperar la continuación del camino y así lograr que más personas puedan acceder caminando hasta ojo de agua.

Para ello fuimos inspirados por un video -“Let´s do it!”- que muestra cómo el 4% de la población de Estonia participó en 2008 en una acción coordinada en todo el país para limpiar sus bosques en un sólo día.

Pasamos a la acción

Formamos 10 grupos de 4 o 5 personas, entre 7 y 19 años, liderados cada uno por alguno de estos jóvenes. Cada persona eligió en qué grupo trabajar. Pedimos al Ayuntamiento que nos apoyara con herramientas. Las familias proporcionaron carretillas, decenas de cubos y guantes. Cada grupo tenía asignado un tramo de la senda para limpiar. Los grupos estaban apoyados por un equipo de 5 adultos que ayudaban a coordinar la acción y -cómo no- también a limpiar.

Tras 4 horas de intenso trabajo, habíamos recogido un volumen de vidrio equivalente a 800 litros, 4 sacas de obra repletas de todo tipo de plásticos y 3 sacas más de metales oxidados, además de muchos otros objetos. Toda la basura -separada y clasificada- fue retirada por los servicios municipales. Al finalizar la jornada, nos reunimos en el bosque, formamos un círculo con las manos y tomamos conciencia de lo que acabábamos de hacer mostrando nuestra gratitud por haber formado parte de ello. Participantes del taller de cine (una de las más de 50 actividades semanales activas en ese momento en ojo de agua) filmaron la actividad y realizaron este video

El aprendizaje

Antes que nada, hemos aprendido el valor del servicio. Nuestro propósito fue partir de una necesidad real y desarrollar una acción que nos beneficiara a todos. Aprendimos que más que quejarnos, podemos hacer algo para cambiar una situación, que somos capaces de resolver problemas, que cuando hacemos algo para beneficio de todos, todos nos ayudan. Aprendimos el valor de la organización, de la disciplina, del trabajo en equipo, de la colaboración, de cuidar de nuestra madre, la tierra.

Sentimos el valor de tener un propósito común importante para todos. Y todo ello lo aprendimos porque decidimos aprenderlo, no porque nadie pensara que era bueno para nosotros, sino porque todas y cada una de las personas que participaron pensaron que era bueno para ellas y para todos.

Con diferencia, lo más destacable fue la sensación de que este medio centenar de jóvenes trabajaron con una entrega, una alegría y un espíritu de unidad que manifestaba su consciencia sobre la importancia y necesidad de este trabajo.

Pero al limpiar la senda, descubrimos otros vertederos cercanos. Nuestro propósito es… limpiarlos también, y seguir aprendiendo.

Bosquescuela

Bosquescuela, donde la naturaleza es el aula

Por Silvia Corchero de la Torre y Philip Buchner promotores del proyecto Bosquescuela.

Cada día es diferente en el centro de educación infantil de segundo ciclo Bosquescuela Cerceda. Un centro reglado y homologado por la Comunidad de Madrid que ha empezado su andadura este curso 2015-16. Situado a los pies del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, en Bosquescuela la naturaleza es el aula y la mayoría de los recursos didácticos provienen del medio natural. Los niños y niñas pasan la mayor parte del tiempo al aire libre, combinando clases de iniciación a la lectoescritura y las matemáticas, en espacios abiertos y con materiales naturales, con amplios momentos de juego libre, talleres y excursiones fuera del centro.

Durante el mes de febrerBosquescuelao fueron las cigüeñas las que con sus vuelos rasantes, en busca de una ubicación idónea para sus nidos, recibían cada mañana a los niños y niñas a primera hora. Más tarde fueron los milanos los que, realizando sus vuelos de cortejo, han acompañado el juego libre de los pequeños. Recientemente y, con la llegada de la primavera, las flores, las pequeñas orugas formando sus capullos antes de convertirse en mariposas, o el agua limpia de un arroyo lleno de vegetación acuática, acompañan cada día el desarrollo y aprendizaje del primer grupo de niños y niñas que están formándose en Bosquescuela.

La educación infantil al aire libre es un modelo educativo innovador que surgió en los años 50 en Dinamarca desde donde se extendió a otros países con un boom especial en los años 90. Solamente en Alemania existen más de 1.000 escuelas infantiles al aire libre y otros países como Canadá, Estados Unidos, Gran Bretaña, Corea, Australia y Japón están implantando cada vez más centros educativos de este tipo. El motivo, los enormes beneficios que el contacto con la naturaleza tienen para la salud y el adecuado desarrollo físico, cognitivo, social, afectivo y emotivo de los niños y niñas.

En un mundo en el que los pequeños están sobrestimulados, sobre todo por el auge de las nuevas tecnologías, y por el hecho de que pasan gran parte del tiempo en espacios cerrados, se hace imprescindible proporcionarles entornos de aprendizaje adecuados para su desarrollo. Espacios en contacto con la naturaleza, libres de estrés acústico, que presentan una gran variedad de formas, colores y texturas que estimulan enormemente su curiosidad, que ayudan a su desarrollo psicomotriz, que les permiten expresarse libremente, ser ellos mismos y conectar con la Tierra.  Entornos donde ellos sean los auténticos protagonistas de su aprendizaje y donde se respeten sus ritmos, de una manera acompañada y guiada.

Las consecuencias de este tipo de educación son niños espontáneos y alegres, conscientes de los ritmos naturales ya que los experimentan diariamente, motivados por aprender, con capacidad para comunicarse eficazmente, creativos, imaginativos, sanos física y mentalmente, capaces de asumir riesgos y conscientes de sus capacidades y límites y…de fondo siempre presente LA NATURALEZA.

Más información: www.bosquescuela.com

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