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Conversando con plantas

Por Ricardo Colmenares, director de la Fundación Triodos.

Trabajar en un huerto jardín es una oportunidad única para relacionarte con el mundo vegetal, las plantas. Tienes a tu alrededor una alta diversidad de plantas comestibles, aromáticas, medicinales, ornamentales, silvestres y hasta de incómodas adventicias. Para mantener en buena salud el huerto jardín se precisa de unos mínimos conocimientos básicos sobre las necesidades espaciales y temporales de esas plantas, además de sus posibles usos que dan sentido a su cuidado. Suelo, agua, luz, calor, buenas y malas compañías, son cuestiones relevantes que han de tenerse en cuenta, en mayor o menor medida.

En una tarde muy calurosa del verano, bien protegidos del sol, en el huerto jardín de Triodos Bank, nos pusimos a ejercitar nuestra mirada al mundo vegetal como experiencia para mejorar nuestra capacidad de atender y cuidar nuestras plantas. Intrigados sobre si las formas de las plantas pueden considerarse un lenguaje de signos que se puede comprender. Parece que te hablan de sí mismas mediante sus formas, sus colores, sus olores, sus sabores. Se dice que el jardinero y el agricultor, leyendo el lenguaje de las plantas han sabido cuidar de ellas para multiplicarlas o erradicarlas donde no eran queridas, o transformarlas en otras con diferentes cualidades que encajan mejor en las necesidades de los seres humanos, en cada época, mediante la selección.

Observar para aprender

Escogimos plantas con flores como el humilde Senecio, y descubrimos la existencia de una secuencia espacio temporal que aparece en muchas especies distintas de plantas, de la que no se habla mucho en los libros de botánica, pero que los agricultores ecológicos y biodinámicos utilizan para comprender el desarrollo de sus plantas de cultivo. De este modo pueden optimizar la calidad de los frutos que ofrecen a los consumidores, alimentos con carácter, dicen ellos. Porque una planta nutritiva es una planta sana que ha sido capaz de desarrollar su identidad de forma armoniosa y completa durante todo su proceso de desarrollo.

El ejercicio básico consiste en reconocer cómo hay un primer gesto en las plantas que se centra en la producción de raíces bien desarrolladas y hojas poco formadas, abriéndose al exterior para, poco a poco, a medida que se eleva sobre el suelo oscuro, frío y húmedo, tornarse después en diferenciación y disminución de las hojas, hasta el salto final que lleva a la formación de la flor, el fruto y la semilla, donde aparece de forma más intensa e interiorizada, la identidad del espécimen en cuestión; con su geometría, color, olor, y sabor característicos. Ahora ya en los dominios de la luz y el calor. Primero el impulso de crecimiento, luego la diferenciación o maduración toma el relevo como impulso predominante. Primero percibimos algo, luego lo iluminamos con nuestro pensamiento y le damos su nombre, reconocemos su identidad, lo vinculamos con un concepto.

La observación activa de la transformación de los elementos de la planta, de sus cambios de forma, de su metamorfosis espacio temporal, nos capacita para entender el mundo siempre cambiante de lo vivo. No sólo las plantas, si no cualquier fenómeno de la naturaleza, incluidas las relaciones entre nosotros, o las empresas como comunidades de trabajo. Se nos descubre así, en sus transformaciones y ritmos, como un lenguaje donde el sentido sólo se descubre leyendo los detalles concretos con nuestros propios sentidos, porque el sentido no está en esos detalles, sino que emerge sólo al leerlos. Como ocurre con los textos, sean poesía o prosa.

Como dice el poeta onubense, Juan Ramón Jiménez: “…hoy te he mirado lentamente y te has elevado hasta tu nombre”. El poeta se refirió al cielo en su verso, pero la experiencia se nos antoja la misma que al mirar una planta.

Este ejercitar nos capacita no sólo como jardineros, sino que también lo hace, lo que es aún más importante, como seres humanos, para comprender la realidad del mundo que nos rodea.  Somos y estamos en un mundo vivo y orgánico, no mecánico. Nos capacita personal y profesionalmente, un objetivo central en el trabajo que se propone en el huerto jardín de Triodos en Las Rozas.