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Cómo hacer un vermicompostero en cuatro pasos

Por Beatriz Fdez. Núñez, C.D.R. Portas Abertas, Ourense, ganador del accésit en la categoría de Agricultura Social, de la 4ª edición del Premio Nacional de Huertos Educativos Ecológicos.

En las huertas sociales del CDR Portas Abertas sabemos la importancia de tener un buen suelo para que nuestros productos sean de muy buena calidad.

Para ello es necesario un compost rico en nutrientes que le aporte a nuestras huertas todo lo que más le gusta a los cultivos. En nuestro caso, los terrenos en los que están nuestras huertas son parcelas cedidas por sus propietarios que las tenían en desuso. A excepción de un pequeño “naval” en Vilardevós, los otros dos terrenos se encontraban en muy mal estado cuando llegamos a ellos, llenos de basura de todo tipo y con un suelo muy pobre.

Entonces decidimos que uno de nuestros trabajos principales sería abonar bien nuestro suelo, para que así, recupere las características necesarias para poder producir en calidad y, si es posible, en cantidad.

Uno de los pasos que realizamos para esto fue construir nuestro propio vermicompostero, de manera muy sencilla y reciclando materiales que de otra manera serían desechados.

Construcción del vermicompostero

Os dejamos los pasos que tuvimos que dar y os animamos a que nos copiéis y construyáis vuestro propio vermicompostero:

Paso 1. Preparamos las bandejas cortando el fondo para conseguir mayor altura en nuestro vermicompostero. Hemos empleados bandejas de poliespán que utilizan en los supermercados para transportar quesos o verduras.

 

 

 

Paso 2. Unimos las bandejas con cinta adhesiva.

 

 

 

 

Paso 3. Hacemos unos pequeños agujeros en el fondo para que el producto de nuestras lombrices pase, pero ellas y su alimento no.

 

 

 

 

Paso 4. Les preparamos una camita acogedora a nuestras lombrices, para que estén cómodas y se alimenten y las acogemos en su nuevo hogar ¡parece que están a gusto!

 

 

 

 

Este es el resultado final. Recordad colocar el vermicompostero en un lugar cómodo para recoger el líquido, y fresco para que ellas estén a una temperatura adecuada.

Los misterios del suelo

Por Ricardo Colmenares, director de la Fundación Triodos.

Para el horticultor que es un artista, el suelo es su elemento o sustancia de trabajo, como la piedra o la madera lo son para el escultor, el material de pintura en el pintor, o el soporte de un texto para el escritor o poeta. En agricultura orgánica o ecológica se dice que el elemento central en la producción de alimentos sanos para el ser humano es el suelo. Donde hay un suelo sano, los cultivos crecen sanos, y los animales y los seres humanos que los consumen, también estarán sanos.

Bueno, yo creo que el elemento central de un huerto, una finca agraria o un paisaje, es el ser humano que expresa sus valores, sus aspiraciones y sus habilidades en lo que hace, en el jardín o desierto en que convierte el entorno en que se encuentra. Pero efectivamente, el suelo es un elemento central, de base. La tarea del hortelano/jardinero es conducir el suelo que se encuentra hacia un estado que le permita hacer brotar y crecer cualquier planta que ese director de orquesta quiera tener para componer su propia sinfonía en el espacio y en el tiempo que dirige.

No se trata tanto de imitar la naturaleza, recuperar un suelo o un paisaje para que sea tal como fue antes de que la mano del hombre lo estropeara, sino de cómo hacerle superar sus limitaciones naturales y ser capaz de ser más bello y acogedor de biodiversidad: vegetal, animal y humana. Capaz de generar un sinfonía más elaborada y más bella, armónica y sana.

El hortelano/jardinero, con la ayuda de las plantas y los animales, buscará educar el suelo para que cualquier semilla que le toque quiera brotar en él. Deshaciendo su unilateralidad, adquiriendo nuevos talentos. Para eso tiene que pasar mucho tiempo con él y comprender su naturaleza: sus potencialidades y sus limitaciones.

Experiencia de análisis del suelo en el Huerto- Jardín Triodos.

Como ya os contamos, en la sede central de Triodos Bank en España, situada en el Parque Empresarial de Las Rozas de Madrid, hemos iniciado un trabajo comunitario dentro de la organización para que el espacio natural que rodea al edificio sea un huerto-jardín de todos.

Partiendo de la observación de nuestros suelos del huerto hicimos este sencillo experimento: recoger una muestra de cada una de las parcelas que tenemos ahora en producción (5), cribar el suelo, y meterlo en botellas llenas de agua; agitarlo y dejarlo reposar.

El resultado es el que se muestra en la siguiente foto, donde se ve el aspecto de las muestras después de 24 horas de reposo:

  • La muestra 1 pertenece a la parcela que ha tenido este verano puerros, al este del huerto.
  • La muestra 2 pertenece a la parcela central, norte donde han crecido girasoles en fila y hay plantas medicinales.
  • La muestra 3 es de la parcela con tomates y berenjenas.
  • La muestra 4 es de las fresas, acelgas y lechugas.
  • La muestra 5 es de la pradera central donde estás las Melias arbóreas.

Hay muchos aspectos que se han podido comentar sobre el porqué de la imagen de cada muestra después de 24 horas, que aquí no podemos reproducir. Tal vez señalar que el ejercicio permite en particular comparar unos suelos con otros, en lo que se refiere a la compactación del sustrato que hace que unos, los más inertes, abulten menos después de sedimentarse y otros, con mayor contenido en materia orgánica, queden más hinchados.

También su color nos apunta a un mayor contenido en nutrientes disueltos en la muestra. Así la muestra 3 fue señalada como la mejor para el trabajo hortícola: tan hinchada como la 4 pero más oscura (mayor contenido en nutrientes disueltos o solubles).

Se dejó ver que los nutrientes solubles que no están estabilizados en la materia orgánica en forma de humus, que es del que se alimentan los microorganismos encargados de dar de comer a su vez a las plantas, entran directamente en las plantas generando problemas de alimentación y salud. De hecho, los tomates han mostrado, este verano, particularmente antes de que les pusiéramos paja en el suelo, problemas de grietas en la piel que se atribuyen en la literatura a excesivos cambios de acceso al agua (estrés hídrico entre periodos de riego) y a las marcadas diferencias entre la temperatura diurna y nocturna. Es decir, el suelo necesita una cierta estructura para amortiguar estos cambios que han dañado los tomates. ¿Será la muestra 4 de la parcela donde las fresas llevan dos años en el suelo construyendo un ecosistema complejo y resiliente, la muestra que indica el camino para el resto de las parcelas si queremos cultivar cualquier cosa que queramos en todas ellas?

Hasta entonces tendremos que educar ese suelo y aprender a conducirlo hacia una mejor estructura mediante la plantación de cultivos adecuados que atraigan los animales dentro y fuera del suelo, para hacerlo madurar y darle la capacidad de interpretar después una sinfonía más armoniosa, si es eso lo que decidimos que queremos.

Debajo las muestras enrasadas en suelo, sin agua y después de poner el agua y agitar, al iniciar el experimento:

El suelo nos alimenta

Por Begoña Huerta, Eva Torcal, Lourdes Pérez, Mamen Pardos, Blanca Esteban, Piluca Lacambra y Jesús Betrán, miembros del equipo docente y de la comisión de huerto escolar del CEIP Cándido Domingo de Zaragoza. Ganador del primer premio en la categoría de primaria del Premio Nacional Huertos Escolares Ecológicos 2015.

El suelo es el recurso esencial para el mantenimiento del medio ambiente y en prácticamente cualquier producción agraria, suministra los nutrientes esenciales: el agua para el desarrollo del cultivo y las condiciones físicas para permitir el enraizamiento y la respiración de las raíces.

El mantenimiento del suelo del huerto escolar presenta, a nuestro entender, un doble objetivo:

  • Preservar y, hasta donde sea posible, incrementar la fertilidad.
  • Destacar ante los alumnos el papel del suelo como fuente de nutrientes y como lugar de reciclaje.

muestreando suelo1Un manejo adecuado del suelo del huerto escolar ecológico producirá pronto resultados en las dos direcciones. Por un lado el suelo se hará más fácil de preparar y trabajar, y la mejora será tan rápida que incluso será aparente para los alumnos en un mismo curso. Es esencial que los alumnos se impregnen de la “rentabilidad” más o menos inmediata que se obtiene de mantener los elementos del medio ambiente, y de la necesidad de gestionar adecuadamente los recursos.

Para mejorar la fertilidad incorporamos fertilizantes naturales, que tratándose de un huerto escolar están muy limitados ya que muchos subproductos permitidos en la agricultura ecológica no serían adecuados en ese entorno. En la práctica, quedamos limitados al uso de estiércol y maduro de “compost” (el fresco podría ser inadecuado si los niños entran en contacto directo con él), que puede elaborarse directamente en el huerto.

Las dosis de cualquiera de los productos deben orientarse a partir del conocimiento del sustrato que se obtenga mediante análisis. Esto tendrá también un aspecto educativo en el sentido de la necesidad de conocer el medio ambiente y los recursos para mantenerlos y mejorarlos.

Hay otras excelentes vías de mejora del suelo como son la rotación de cultivos, o la siembra de cultivos para enterrar, especialmente leguminosas. Las raíces de la leguminosa  (judías, habas, garbanzos, guisantes etc.) exploran y esponjan el suelo, y aportan nitrógeno gracias a la simbiosis con bacterias fijadoras de nitrógeno atmosférico.

Experiencia de mantenimiento del suelo en el CEIP Cándido Domingo

En nuestro huerto escolar ecológico el mantenimiento del suelo se ha abordado de la siguiente forma, incluyendo cada paso los correspondientes aspectos pedagógicos de la actividad:

 

  • Análisis del suelo. Cada dos o tres años es interesante conocer el estado del suelo a través del análisis de una muestra. Es importante que la muestra se extraiga respetando unos mínimos criterios de representatividad, y siempre en la misma época del año. La muestra de suelo debe tomarse con los alumnos. Es una oportunidad para explicar algunas nociones de muestreo y de la utilidad del análisis de suelo. Después se les pueden enseñar y comentar también los resultados analíticos.
  • Aportes de estiércol. Al menos una vez cada dos años se ha aportado una cantidad de estiércol suficiente para cubrir ligeramente toda la superficie. El estiércol se ha esparcido y mezclado con el suelo a la salida del invierno, antes de establecer los cultivos de primavera. En el momento de preparación del estiércol los alumnos deben conocer para que se hace esa aplicación. Se puede introducir el concepto de nutrientes esenciales, incluso cuales son. Explicar qué contiene el estiércol y cómo todo se recicla a través del suelo.
  • Siembra de guisantes para enterrar. Todos los años, en otoño o final de invierno, el terreno libre de cultivo se ha sembrado de guisantes con la finalidad de enterrarlos según se fuese necesitando el suelo. Cualquier leguminosa de invierno sería adecuada, pero el guisante presenta una buena resistencia al frío y no requiere riego. Los alumnos pueden hacer la siembra de la leguminosa, y luego seguir el desarrollo del cultivo. En cuanto las plantas tengan unos centímetros de altura se podrá ver el desarrollo de los nódulos en las raíces. A los alumnos les entusiasma observarlos, y saber que son una especie de “infección” de la planta donde viven unas bacterias que son beneficiosas.
  • Gestión de restos de cultivo. Se han enterrado siempre que ha sido posible. Si son voluminosos o muy lignificados, la incorporación puede resultar complicada, y también la utilización posterior del suelo, con lo que lo más recomendable es entonces retirarlos para compostar.
RAIZ DE GUISANTES1

Raíz de la planta del guisante

En resumen, el mantenimiento del suelo en el huerto escolar ecológico debe basarse en la gestión de la materia orgánica disponible y en el uso de leguminosas. Prestar atención al suelo y a las técnicas para mantener su fertilidad mejorará los resultados del huerto escolar, tanto desde el punto de vista del estado de los cultivos, como desde el punto de vista docente.