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fertilidad de la tierra

Algunos experimentos científicos para mejorar la fertilidad de la tierra

Por Alfredo Matías Oteros López coordinador del huerto escolar en el CEIP Vicenta Ruso, Santa Pola. Ganador del segundo premio en la categoría de primaria del premio nacional Huertos Escolares Ecológicos 2015.

Uno de los principales problemas que nos encontramos en el huerto escolar es la fertilidad de la tierra. A veces, por más que insistamos, nuestras hortalizas no son tan grandes como las que encontramos en el mercado. En nuestro caso hay que tener en cuenta que es ecológico y no usamos productos químicos.

Por todo ello, hicimos trabajos de experimentación para mejorar la fertilidad de la tierra empleando elementos de nuestro entorno y también productos elaborados. A continuación os contamos tres experimentos que hicimos con los alumnos que nos dieron buenos resultados:

  1. En primer lugar, enriquecimos la tierra con sales minerales: lo hicimos con agua de mar, arena de la playa y vegetación marina utilizando posidonia, planta acuática endémica del Mediterráneo.

-Usamos el agua de mar para regar. Diluimos una parte de agua de mar por cien de agua dulce. Con esto queríamos aportar los minerales que tiene el agua de mar. En su caso, incluyen todos los de la tabla periódica.

– También usamos arena de la playa. Algunos agricultores de la zona nos indicaron que antiguamente le echaban un puñado de arena de la playa al hoyo donde repicaban la pequeña mata de melón. Nos cuentan que salían dulcísimos. Nosotros hicimos lo mismo pero en lugar de melones fue con las tomateras.

– Añadimos posidonia (100 gr. por metro cuadrado).

En los siguientes casos, además de aplicar estos elementos que nos proporciona la propia naturaleza, decidimos elaborar dos productos con el mismo fin: microorganismos beneficiosos y biofertilizantes fermentados.

2. Captación de microorganismos beneficiosos. Para ello solo necesitamos arroz hervido y un envase de yogurt. Lo dejamos en un lugar donde haya tierra fértil, como un bosque, y lo recogemos a la semana. Posteriormente, su contenido lo diluimos en agua y lo aplicamos al terreno. Algo parecido comentaba el hispano Lucius Junius Moderatus, conocido como Columela, escritor agrónomo romano. Decía que para mejorar una tierra poco fértil una manera de hacerlo era coger una porción de tierra de una zona muy fértil y llevarla a su nuevo lugar.

3. Biofertilizantes fermentados. Éstos son súper abonos líquidos preparados a base de estiércol fresco (o humus de lombriz), disuelto en agua y enriquecida con leche (o yogurt natural), melaza (o azúcar moreno) y ceniza, que se deja fermentar varios días, e incluso meses, en bidones de plástico, bajo un sistema anaeróbico (sin la presencia de oxígeno). En nuestro caso reutilizamos dos garrafas de aceite de 25 litros del comedor escolar, en una incorporamos compost y en otra restos de frutas, hojas y verduras. En ambas añadimos agua, azúcar moreno, leche y ceniza.

En los siguientes videos podéis ver de forma detallada todos los pasos necesarios para elaborarlos:

Cada uno de estos experimentos lo realizamos en un bancal diferente. Los resultados fueron satisfactorios. No somos científicos pero observamos que no provocó daños en los cultivos y que la cosecha fue buena y todo tenía muy buen aspecto.

Os animamos a practicar estas experiencias con los alumnos, tanto por la mejora en la calidad de la tierra que suponen, como por su utilidad para transmitir conceptos relacionados con la importancia del tratamiento ecológico de la tierra y sus cultivos.

 

 

preparando la tierra del huerto

Sacha que te sacha: preparando la tierra

Por Antonia Cantero Macedo, maestra del CEIP Ángel Santos, Alburquerque (Badajoz)

Desde el CEIP Ángel Santos de Alburquerque (Badajoz) queremos servir de ayuda y contaros cómo hemos preparado la tierra para sembrar en nuestro huerto escolar.

Surcos para la siembraOtoño es el momento ideal para hacerlo. De forma tradicional, en nuestra zona, a esta época del año se la denomina “sementera”. Los cultivos típicos que suelen sembrarse son simientes de cereales, guisantes y habas, fundamentalmente. Nosotros, para comenzar, nos decantamos por los dos últimos.

Primero hicimos los grupos de trabajo y debido a la escasez de material específico para trabajar en el huerto, pedimos a los niños que trajeran guantes, sachos y abono. Los padres, viendo esta carencia y queriendo ayudar, nos arreglaron dos de los cuatros sachos de los que disponemos en estos momentos y mandaron abono.

Así, con guantes y sachos, muy contentos, bajamos al patio donde está ubicado el huerto. Arrancamos casi todas las malas hierbas con las manos, otras con los sachos y cuando terminamos subimos al aula. Con la emoción no nos percatamos de que habíamos llenado las escaleras y los pasillos de tierra. Esto debíamos solucionarlo. Así que compramos un par de alfombras para limpiarnos bien los pies antes de subir, y decidimos sacudir las herramientas y llevarlas a la clase dentro de una bolsa, a partir de ese momento.

Al día siguiente, empezamos a remover la tierra. Nos encontramos varios animalitos y dos tipos de tierra: una capa de tierra vegetal de unos 4 centímetros y debajo granito molido. Todos puestos en faena mezclamos bien las tierras e incorporamos el abono orgánico

Mejorar la tierra con los cultivos

Realmente no importa mucho la calidad de la tierra, el huerto se irá haciendo poco a poco e irá mejorando con los años gracias al trabajo con ella. Precisamente los cultivos que sembramos, en esta ocasión, habas y guisantes, tienen la característica de acumular nitratos en sus raíces y enriquecer la tierra.

Un buen truco para hacer surcos de plantación

Surcos para la siembraUna vez removida la tierra, libre de hierbas y abonada, comenzamos a hacer los surcos para sembrar. Aquí nos encontramos con otro problema. Los surcos quedaban muy torcidos. Recordé que mi padre en el campo solía colocar unos palos en los extremos de los surcos con cuerdas, creando una línea recta para que los surcos quedaran derechos y los cultivos estuvieran en línea, y eso mismo hicimos. De esta forma nos hemos guiado y conseguido que los surcos estuvieran rectos.

Por último hemos puesto las semillas en la tierra, las hemos tapado con tierra y regado. La cuerda queda exactamente encima de donde se encuentra la siembra. Así sabemos donde están y no las pisaremos.